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ME ECHARON POR FALSA, VOLVÍ REINA romance Capítulo 1024

—Así que ya lo saben todo —su voz sonaba vacía, impregnada de absoluta derrota—. ¿Y qué van a hacer? ¡Mi vida ya es un infierno! ¡Ya estoy sufriendo suficiente! ¡Antes de esto le generé muchísimas ganancias a la empresa! ¡Con qué derecho me despiden así como así! ¡No pueden hacerme esto!

—Con esa imagen que tienes ahora, deberías agradecer que no te estemos demandando por daños y perjuicios —respondió el hombre del departamento legal, sin que se le moviera un solo músculo del rostro—. Claro que si te niegas a irte, procederemos por la vía judicial. Ya sabes muy bien lo que te conviene, sobre todo si investigan más a fondo y terminas en la cárcel.

Quince minutos más tarde, Zulema fue obligada a firmar la carta de rescisión de contrato. Su maquillaje impecable estaba hecho un desastre por las lágrimas. Al salir, se encontró con todos sus compañeros de oficina amontonados en la puerta, devorando el chisme en completo shock, con los dulces de boda que ella misma les había dado aún en las manos.

En menos de media hora, la noticia había recorrido todo el piso.

Zulema, la chica siempre elegante, que lucía bolsos de marca diferentes a diario y alardeaba de ser una ejecutiva graduada en el extranjero, resultó ser la prostituta estrella de un club nocturno.

Los mensajes en el grupo de chat de la empresa no paraban. Capturas de pantalla, rumores exagerados, verdades a medias; todos compartían el chisme en Instagram. Conocidos y desconocidos se alimentaban del escándalo.

El director general ni siquiera dio la cara. Se limitó a ordenar a Recursos Humanos que le entregaran el aviso de despido, citando una «violación grave a las normas de la empresa y daño a la imagen corporativa».

Cuando Zulema salió del edificio de oficinas abrazando su caja de cartón, Minerva estaba observándola desde una esquina, disfrutando de la venganza.

Quería asegurarse de que Zulema también se hundiera en el infierno, solo así podría apaciguar el fuego que le consumía el alma.

Zulema no se atrevió a mirar a la cara a ninguno de sus antiguos compañeros; ya no le quedaba ni una pizca de dignidad. Solo se giró un segundo para mirar el enorme edificio donde alguna vez creyó que tendría un futuro asegurado, y soltó una carcajada amarga.

Lo había perdido todo. Su vida estaba acabada.

Caminaba como un alma en pena cuando, de reojo, vio a Minerva parada en la esquina. Al instante, perdió la razón; tiró la caja al suelo y se abalanzó sobre ella como un animal salvaje.

Las dos mujeres se enfrascaron en una pelea brutal en plena calle. Se agarraron a golpes y tirones de pelo sin importarles quién las viera, insultándose a los gritos y rasguñándose con saña. Parecía que querían matarse mutuamente; la sangre y los alaridos de dolor llenaron la acera.

Los transeúntes, asustados, llamaron de inmediato a la policía.

Para cuando los oficiales llegaron a separarlas y llevárselas detenidas, Zulema había perdido un diente a causa de los golpes, y a Minerva le habían arrancado un buen mechón de pelo desde la raíz. Ambas se fulminaban con una mirada cargada de veneno.

Debido a que Zulema inició la agresión, fue retenida en la comisaría. La policía contactó a Mauricio, pero él ya estaba al tanto del desastre en la oficina. Su teléfono llevaba horas bombardeado de chismes y comentarios humillantes que corrían como pólvora.

La imagen intachable que había construido en Santa María se había hecho pedazos por culpa de Zulema.

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