Y lo más patético de todo era que ese poder y riqueza por los que Yolanda se había deslumbrado, Benjamín los había conseguido exclusivamente por lamerle las botas a su suegro, el señor comisario.
Sin él, ¿qué diablos era Benjamín Isamar?
¿Qué le quedaba?
Por eso no sentía ni una gota de pena por Yolanda. En cierta forma, ella misma se lo había buscado.
Si había elegido a ese hombre, que asumiera las consecuencias.
—Valeria, ¿qué hago ahora? —Yolanda lloraba a lágrima viva, casi sin poder respirar.
Valeria, manteniendo una calma sepulcral, preguntó: —¿Quién te contó todo eso?
—Fiona —Yolanda, sumida en su drama, no captó el tono acusador de su amiga—. ¿Por qué? ¿Pasa algo?
¿Fiona?
Otra vez esa maldita mujer.
La mirada de Valeria se oscureció de inmediato y no dudó en reprenderla: —¿Acaso olvidaste que Fiona es la primera persona que quiere verte separada de Benjamín? De toda la gente en este mundo, ¿por qué tenías que creerle a ella?
Fiona.
Había soportado tanto, se había humillado al lado de Andrés todo este tiempo, ¡solo para tener el poder de arrancar a Fiona del lado de Samuel para siempre!
Y después de todo el trabajo que le costó ganarse la confianza de Yolanda, ¿esta iba y le creía a su peor enemiga?
—Pero es que... sonaba tan segura de lo que decía —Yolanda se limpió las lágrimas, confundida—. No parecía estar mintiendo...
Valeria puso los ojos en blanco, harta de su estupidez: —¿Acaso crees que un mentiroso va a llevar un cartel que diga 'estoy mintiendo'? Obviamente hará todo lo posible para convencerte. ¿Cómo pudiste tragarte semejante cuento?

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