Apenas tuvo al niño en brazos, Hugo se dirigió a ella:
—Mis más sinceras disculpas, señora Flores, por el mal rato. Todo esto fue culpa de Inés. Le aseguro que de ahora en adelante la educaré mejor. Pueden estar tranquilos.
Su actitud dejaba claro que quería calmar las aguas.
Al devolverle al niño, buscaba que el asunto terminara ahí, sin hacer más ruido ni involucrar a nadie más.
Fiona miró a Samuel de reojo y, al ver que él se mantenía en silencio, tomó la palabra: —No se preocupe, señor comisario. Yo también espero que situaciones como esta no vuelvan a repetirse. Somos personas civilizadas, mantengamos las formas y evitemos hacer cosas que nos queden grandes.
A quién iba dirigida esa última indirecta de "quedarles grande", todos en la sala lo sabían perfectamente.
Una chispa de rencor brilló en los ojos de Inés. No entendía por qué su padre la trataba así: —¡Papá! ¿Por qué te pones de su lado? ¡Es ella la que se está ensañando con mi tía!
Ella solo quería ayudar a su tía, ¿qué tenía eso de malo?
¡Y encima le había dado una bofetada!
En todos esos años jamás le había levantado la mano, y ahora la golpeaba por culpa de esa mujer.
¡No pensaba tragarse esa humillación!
Fiona soltó una risa sarcástica, pero no dijo nada. Se limitó a observar desde la barrera.
Samuel, por su parte, le brindaba todo su apoyo en silencio. Sabía que ella quería manejarlo sola, así que no intervino más de la cuenta.
En el pasado, al sobreprotegerla, le había causado muchos problemas.
Ahora que podía defenderse sola, cualquiera que intentara meterse con ella tendría que pensárselo dos veces.
No había robado ni matado a nadie, ¿por qué la juzgaba así?
Hugo soltó una carcajada amarga, llena de desprecio: —Por supuesto que tiene todo de malo. Es un error garrafal.
—Si tu hijo está en prisión, es por el delito de secuestro. Es el castigo que la ley le impuso. Si no hubiera hecho nada malo, ¿crees que estaría encerrado?
Gisela se quedó callada, pero en su rostro aún se notaba la falta de arrepentimiento.
—Gisela, de ahora en adelante, mantente alejada de mi hija. Inés estaba muy bien cuando vivía en el extranjero, pero desde que regresó y se juntó contigo, mírala, ¿en qué se ha convertido?
Inés no pudo soportarlo: —¡Papá, no regañes a mi tía! Fui yo quien quiso ayudarla a resolver esto. ¡Además, Fiona cruzó la raya!
No creía que su tía hubiera hecho nada malo. Ella solo quería proteger a su hijo.

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