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Me Robaron Tres Años, les Cobraré una Vida Entera romance Capítulo 1175

La duda de Benjamín endureció aún más la mirada de Samuel, cuya paciencia se agotaba por segundos.

—Mi paciencia tiene un límite. Si no estás dispuesto a soltar a esta mujer, prepárate para caer al vacío.

—No la soltaré.

Esa fue la respuesta de Benjamín tras pensarlo una y otra vez, aferrándose a sus sentimientos.

—Señor Flores, no abuse de su poder y su posición para pisotear a los demás. Lo que está haciendo no es correcto.

Siempre había sabido que Samuel estaba en la cima de la cadena alimenticia en Santa Matilde. A excepción de Andrés Luján, que podía ser un digno oponente, los demás no eran nada para él. Pero realmente no podía abandonar a Yolanda a su suerte. No tenía otra opción.

—Abogado Benjamín, espero que no te arrepientas de tu decisión de hoy.

Tras lanzar esa advertencia, Samuel dio media vuelta y abandonó la comisaría.

Benjamín quiso convencerse de que las amenazas de Samuel eran solo un intento de intimidación. No le dio demasiada importancia hasta que, esa misma noche, su suegro, el Comisario Hugo Arroyo, lo mandó llamar urgentemente.

Al llegar, la primera frase que le soltó el señor comisario fue:

—¿Dónde está Yolanda?

—Suegro, ¿de qué Yolanda me habla? —Benjamín intentó ocultar la verdad instintivamente—. No conozco a ninguna mujer con ese nombre.

De repente, Hugo golpeó el escritorio con furia, haciéndolo retumbar.

Esas palabras cayeron como una bomba nuclear. Para Benjamín, el mundo se venía abajo. Suplicó con desesperación:

—¡Suegro! ¡Me equivoqué, de verdad sé que cometí un error! ¡Le juro que no volverá a pasar! ¡Le ruego que no me eche a la calle, por favor, no me obligue a separarme de Inés!

Aunque había sido infiel y sentía un gran afecto por Yolanda, Benjamín sabía a la perfección que los contactos y recursos que el Comisario Arroyo podía ofrecerle eran algo que alguien como Yolanda jamás le daría.

Si realmente se divorciaba de Inés, se quedaría en la calle. Un Benjamín arruinado, ¿qué futuro podría ofrecerle a Yolanda? ¿Con qué armas iba a competir contra los tiburones de su profesión?

—Entonces, dime dónde la tienes escondida. —Esta vez, la actitud de Hugo era inflexible, no habría marcha atrás—. ¡Si no me dices la verdad, despídete para siempre de esta familia! Entre Yolanda e Inés, tienes que elegir a una.

Benjamín cayó de rodillas al suelo. Comprendió que Hugo lo estaba arrinconando para que tomara una decisión. Si no le daba lo que quería, ¡su carrera profesional sería destruida! Sin embargo, él realmente amaba a Yolanda; no encontraba la manera de abandonarla a su suerte...

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