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Me Robaron Tres Años, les Cobraré una Vida Entera romance Capítulo 1186

Fiona se había recuperado lo suficiente estos últimos días como para empezar a tolerar alimentos líquidos.

La abrupta entrada de Israel los sobresaltó a ambos, tanto a Samuel como a Fiona, haciendo que ella dejara de comer.

Samuel lo fulminó con una mirada gélida:

—¿Acaso no sabes tocar la puerta?

Fiona aún estaba débil por las graves heridas y no se había curado del todo. ¿Y si su estupidez la asustaba?

Qué falta de tacto.

—Perdón, no pensé en tu mujer —se disculpó Israel, encogiéndose de hombros con su habitual desparpajo—. Pero es que Waldo Valenzuela se acaba de entregar en la comisaría. Confesó todo. Me informan que la policía está lista para cerrar el caso. ¿Qué demonios vamos a hacer?

El plan original consistía en presionar a la policía para que llevara a cabo una investigación profunda y capturara a Waldo, para luego acorralarlo.

Pero la sorpresiva confesión voluntaria del sicario había echado por tierra toda su estrategia.

Contra todo pronóstico, Samuel ni se inmutó. Con el tazón de sopa en una mano y la cuchara en la otra, continuó alimentando a Fiona con parsimonia:

—Era de esperarse.

Desde que pisó la Mansión Luján para advertir a Valeria, sabía que este momento llegaría.

Por mucho que Andrés intentara hacerse el duro de palabra, jamás se quedaría de brazos cruzados si Valeria estuviera en verdadero peligro.

—¿Me estás diciendo que ya sabías que esto iba a pasar? —preguntó Israel, sin poder dar crédito—. Entonces, ¿por qué no cambiaste de estrategia?

Tenían todo meticulosamente planeado, solo esperando a que Valeria mordiera el anzuelo.

La confesión de Waldo lo había arruinado todo.

Samuel, sin embargo, respondió:

—¿Cuál es la prisa? Que Waldo haya confesado no significa que el caso esté cerrado. La policía no puede dar carpetazo a una investigación sin la autorización de sus superiores.

Y si los altos mandos se negaban a firmar el cierre, por más que quisieran, no podrían archivarlo.

—De nada importante —evadió Samuel, adoptando un tono tranquilizador—. Aún estás muy delicada. Trata de no forzar la voz. Cuando te recuperes del todo, te prometo que te contaré absolutamente todo, detalle por detalle.

Todavía no era el momento de involucrarla.

El estado de Fiona seguía siendo crítico. Aunque había recobrado la consciencia, el daño en sus cuerdas vocales hacía que hablar le resultara sumamente doloroso.

No podía arriesgarse a hacerla sufrir más.

Aunque seguía con dudas, intuyendo que le estaban ocultando algo relacionado con ella y que él prefería callar por su salud, Fiona decidió obedecer.

Samuel dejó el tazón vacío en la mesa, acomodó suavemente las almohadas detrás de ella y la recostó:

—Fiona, lo único que debe importarte ahora es descansar. Deja que yo me encargue del resto.

—Duerme. El doctor fue muy claro: necesitas descansar mucho para recuperar tus fuerzas lo antes posible.

Tras tantas cirugías y el desgaste físico, la figura que Fiona había logrado recuperar tras salir de prisión, se había esfumado. Volvía a estar tan frágil y demacrada como el primer día que pisó la calle.

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