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Me Robaron Tres Años, les Cobraré una Vida Entera romance Capítulo 1234

Andrés levantó la barbilla, apartó de un manotazo las manos de Samuel que lo sujetaban del cuello, y lo admitió sin ningún remordimiento:

—¡Sí! ¡Así es! Es mi venganza. ¿Quién te mandó a besar a mi prometida a la fuerza? ¡Quería que sintieras en carne propia lo que es que otro hombre bese a tu mujer!

Apenas terminó la frase, un nuevo golpe se estrelló contra su rostro ya ensangrentado.

El impacto fue tan brutal que Andrés escupió sangre.

Israel, temiendo que la situación terminara en una tragedia irreparable, se metió de inmediato para separarlos:

—¡Ya basta, Samuel, suficiente! ¡No lo golpees más, mejor revisa cómo está tu esposa!

Andrés ya estaba destrozado a golpes; si Samuel seguía, realmente iba a terminar matándolo.

—¡Esto no se queda así, Andrés! —advirtió Samuel con los ojos inyectados en sangre y la voz cargada de veneno—. ¡Más te vale rezar para que Fiona esté bien, porque de lo contrario, juro que conocerás mi lado más despiadado!

Dicho esto, Samuel corrió hacia el otro lado de la cama para tomar en brazos a Fiona, cuyo rostro estaba desfigurado por la hinchazón y los golpes.

Sin embargo, en el instante en que sus manos la tocaron, ella empezó a forcejear violentamente, gritando fuera de sí:

—¡Suéltame, maldito infeliz! ¡Suéltame! ¡Déjame salir!

El hombre la estrechó firmemente contra su pecho.

—Tranquila, Fiona, soy yo. Ya estoy aquí, no tengas miedo...

Quizás fue su voz, o el calor de su abrazo, pero la fiera resistencia de Fiona comenzó a ceder poco a poco. Las lágrimas se desbordaron de sus ojos, cayendo sin cesar como perlas de un collar roto.

Con las pestañas empapadas en llanto, Fiona sollozó:

—Samu, por fin llegaste... no sabes, casi me...

No pudo terminar la frase, pues él le selló los labios con suavidad.

—Shh, Fiona, no digas esa palabra. Sé por lo que pasaste, te llevaré al hospital, ¿está bien?

Ella asintió levemente. Intentó alzar los brazos para rodearle el cuello, pero no pudo hacerlo porque sus muñecas seguían atadas.

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