Si ni siquiera ella sería capaz de soportar algo así, ¿cómo podría hacerlo Fiona Santana?
La otra cara de Samuel Flores.
Esas palabras lograron captar de inmediato la atención de Fiona. —¿A qué te refieres?
—Si de verdad tienes tantas ganas de saberlo, ven conmigo —los labios de Inés Arroyo se curvaron en una sonrisa enigmática—. Lo que no sé es si tendrás el valor de acompañarme.
Fiona sintió que Inés intentaba provocarla, pero la intriga era más fuerte. Realmente necesitaba descubrir qué significaba esa supuesta "otra cara" de Samuel.
Así que, guiada por Inés, Fiona subió al coche y se dirigieron hacia una villa independiente ubicada en el Distrito Este.
La ubicación de la propiedad era bastante peculiar. Situada en la zona noreste de la ciudad, estaba rodeada de exclusivos campos de golf. El aire allí era puro y fresco, y la villa estaba tan bien escondida que nadie notaría su existencia.
Intrigada, Fiona preguntó: —¿Qué es este lugar?
¿No se suponía que Inés le iba a mostrar la otra cara de Samuel? ¿Qué hacían allí?
—No comas ansias, ya casi llegamos —respondió Inés mientras giraba a la derecha. El Porsche Panamera blanco finalmente se detuvo frente a la imponente entrada de la villa.
Tras apagar el motor, Inés anunció: —Llegamos.
Se bajó del vehículo y caminó hacia el lado del copiloto para ayudar a Fiona a descender, ofreciéndole su brazo para caminar juntas hacia la entrada de la casa.
Sin embargo, antes de que pudieran dar un paso adentro, un guardia de seguridad les bloqueó el paso: —¡Un momento! ¿Qué buscan aquí? Esta es una propiedad privada, no se permiten extraños.
Fiona apenas abrió la boca para responder, pero Inés se le adelantó con firmeza.
—Venimos a ver a la señorita Soto. Apártese. Esta es la esposa de su jefe, el señor Flores. Con ustedes, la señorita Santana —sentenció Inés con autoridad—. Vaya adentro, anúnciela y déjenos pasar de inmediato.

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