"Tía, me tranquiliza escucharte decir eso."
Inés no tenía la menor idea de que, mientras pronunciaba esas palabras, Hugo estaba parado justo detrás de la puerta. Tenía los puños tan apretados que las venas de sus manos resaltaban, y su rostro estaba ensombrecido por la ira.
Había sospechado que Inés podía saber algo, que quizá estaba ocultando detalles, ¡pero jamás se imaginó que tendría el descaro de engañarlo de esa manera! ¡Y sin sentir ni una pizca de remordimiento!
¿En qué momento Inés se había convertido en eso?
¿Acaso esa seguía siendo la hija obediente que él había criado con tanto esfuerzo?
¿Por qué sentía que la mujer que estaba al otro lado de la puerta le resultaba completamente extraña?
Hugo se quedó paralizado frente a la puerta durante mucho tiempo antes de alejarse a paso lento.
Al día siguiente, por ser fin de semana, Hugo se quedó en casa a descansar. Sin embargo, justo después de desayunar, alguien que no debería estar allí apareció de repente.
"Buenos días, señor."
Benjamín Isamar saludó a Hugo apenas cruzó la puerta: "Vine a buscar a Inés. ¿Se encuentra en casa?"
Sabía perfectamente que Hugo no lo soportaba, pero la situación actual era demasiado urgente y no tenía otra opción más que buscar a Inés para solucionarlo.
Después de todo, el rostro de Yolanda estaba prácticamente desfigurado, y cómo iba a vivir el resto de su vida era una completa incógnita.
"Benjamín, ¿qué haces aquí?", le espetó Hugo, sin molestarse en ocultar su desagrado. "¿No has causado ya suficientes problemas en nuestra familia? ¿Acaso olvidaste la lección que te di la última vez?"
Al escuchar esto, Benjamín bajó la mirada, adoptando una postura sumisa: "Para nada, no me atrevería a olvidarlo. Vine hoy porque realmente necesito hablar con Inés. Si no fuera importante, no habría venido a interrumpir su descanso."
Sabía que su exsuegro no lo recibiría con los brazos abiertos. ¿Por qué se arriesgaría a que lo echaran a patadas si no fuera estrictamente necesario?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Me Robaron Tres Años, les Cobraré una Vida Entera