Si no fuera porque Andrés Luján la respaldaba, ¿acaso tendría derecho a plantarse frente a él y hablarle de esa manera?
Sin agregar más, Samuel pasó de largo con la intención de irse.
Pero Valeria lo agarró de la manga, suplicando desesperada: —¡Samuel, no te vayas! ¡Casarme con Andrés es algo a lo que me han obligado! ¿Por qué no puedes entender mis verdaderos sentimientos?
¿Por qué siempre la rechazaba de esa forma?
¿En qué era inferior a esa tal Fiona? ¡Fiona ni siquiera era su primera esposa!
—¡Suéltame! —Samuel no esperaba que se aferrara a él de esa manera. Se apartó bruscamente y, al levantar la vista, se topó de frente con Andrés, quien había ido a buscarla.
El rostro de Andrés estaba tan ensombrecido que parecía a punto de estallar: —Valeria, ¿qué están haciendo?
¿Qué significaba eso de que casarse con él era algo a lo que la habían "obligado"?
¿Acaso nunca lo había amado? ¿Lo había estado utilizando desde el principio?
—Controla a tu prometida y dile que deje de acosar a hombres casados —escupió Samuel con profundo asco—. ¿Entendido?
Los labios de Andrés se movieron para soltar una sola palabra, gélida y cortante: —Lárgate.
Samuel abandonó el pasillo de inmediato, dejando a Valeria y Andrés completamente solos.
La luz blanca y fría del techo caía sobre ellos, pero ni siquiera esa intensidad lograba derretir el aura helada que emanaba de Andrés.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Me Robaron Tres Años, les Cobraré una Vida Entera