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Me Robaron Tres Años, les Cobraré una Vida Entera romance Capítulo 1289

El repartidor ya hasta la conocía.

—Señorita Santana, qué afortunada es. Con un novio tan detallista que le envía flores sin falta todos los días, seguro que es usted muy feliz.

Fiona esbozó una sonrisa incómoda. Tenía ganas de aclararle que esas flores no tenían nada que ver con su esposo, pero el muchacho siempre se veía tan amable que le daba vergüenza decirle la verdad. No le quedaba más remedio que tirar las flores directamente a la basura.

La primera o segunda vez, a Samuel no le importó mucho. Pero que siguiera llegando un ramo diario de rosas amarillas colmaría la paciencia de cualquiera, y él ya estaba furioso.

—Fiona, ¿qué demonios pretende este tipo? ¿Enviar rosas amarillas todos los días? ¿Para que las vea quién? —El tono de Samuel destilaba irritación—. ¿Acaso cree que unas cuantas flores van a borrar todo lo que hizo?

Andrés subestimaba la situación. ¿Pensaba que todo se arreglaba con unos regalos? ¿Estaba engañando a los demás, o a sí mismo?

Fiona también estaba desconcertada.

—No lo sé. Pero las rosas amarillas significan disculpas silenciosas, lo que no se puede decir con palabras. Quizá se dio cuenta de que hablar ya no le funciona, así que recurre a esto para que no lo olvidemos.

Tal vez lo hacía porque ya le habían cerrado la puerta en la cara demasiadas veces.

—¿Ah, sí? —A Samuel le importaba poco el significado. Agarró el ramo y lo arrojó al bote de basura con desdén—. Me da igual lo que intente. ¡Si las envía todos los días, las tiraré todos los días! ¡Quiero ver hasta dónde llega!

Aparecer una y otra vez, pedir perdón de la boca para afuera... Todo era teatro. Solo le importaba guardar las apariencias.

Capítulo 1289 1

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