—¿Quieres que te lleve a verla mañana? —propuso Fiona, siguiendo el hilo de la conversación.
—¿De verdad? —Silvia se levantó de un salto, sus ojos brillando de emoción—. ¿De verdad puedo ir a ver a mi mamá?
La alegría de la niña fue un puñal en el corazón de Fiona. Sus propios ojos se humedecieron.
—Sí, mañana mismo iremos.
—¡Qué bien! Llevo dos años sin verla. La última vez me llevó la directora del orfanato —Silvia la abrazó por el cuello—. Gracias, Fiona.
Luego, le dio un beso suave en la mejilla. El corazón de Fiona se derritió. Por un instante, se sintió como si flotara en una nube de azúcar. Pero el dolor agudo en su pecho seguía ahí, punzante e ineludible.
...
Al día siguiente, Fiona se levantó muy temprano y llevó a Silvia en taxi a la prisión. Era la primera vez que volvía desde que salió, pero sus sentimientos eran completamente diferentes.
En la sala de visitas, Silvia finalmente vio a su madre. Agarró el auricular con su manita y rompió a llorar.
—Mamá, te he echado mucho de menos. ¿Cuándo vas a salir? Quiero vivir contigo.
Fiona había intentado prepararse para todo, pero no para lo que vino después. Aunque no podía oír lo que Natalia le decía a la niña, leyó en sus labios la palabra que lo cambió todo.
Muerte.
Natalia dejó de hablar, y la niña frente a Fiona estalló en un llanto desconsolado.


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Me Robaron Tres Años, les Cobraré una Vida Entera