Fiona ya no sabía qué más hacer.
—Samu, te ruego que confíes en mí una vez, solo una vez. ¿Por qué pensarías que yo le daría alas al hombre que intentó matarme? No disfruto del sufrimiento, no tengo inclinaciones masoquistas.
No era tan magnánima como para perdonar y acoger a un hombre que tanto daño le había causado.
Jamás podría olvidar el momento en que Andrés le puso un cuchillo en la garganta para obligar a Samuel Flores a arrodillarse.
Esa escena estaba grabada a fuego en su memoria y la acompañaría hasta el final de sus días.
—Fiona, no necesitas darme más explicaciones. Sé perfectamente que esos tres especialistas los trajo Andrés Luján —Samuel giró lentamente la cabeza, sus ojos opacos tratando de penetrar la oscuridad, como si buscara descubrir algún rastro de verdad en el rostro de ella—. ¿Qué más quieres decir?
Ninguna explicación borraría el hecho de que, en cuanto él se quedó ciego, ella y Andrés se volvieron peligrosamente cercanos.
Eso era lo que más le destrozaba el corazón.
Sabiendo que Andrés era su enemigo jurado, había aceptado su ayuda de todas formas. Eso, por sí solo, demostraba un nivel de confianza alarmante.
En ese instante, Fiona se quedó sin palabras.
Comprendió que, sin importar cuánto se justificara, el haber recibido la ayuda de Andrés era una mancha imposible de borrar. Un par de excusas no cambiarían el rumbo de las cosas.
Sintiendo que había agotado todos sus recursos, Fiona decidió no insistir más.
—Bien, si esa es tu conclusión, no tengo nada más que agregar. Pero no lo olvides, Samu: mi lugar siempre estará a tu lado, y eso no va a cambiar.
—Incluso si te empeñas en dudar de mí ahora, mi amor por ti es incondicional. Jamás traicionaré lo que siento.
Le había costado demasiadas lágrimas y sacrificios llegar a donde estaba con Samu. No iba a echar por la borda todo ese esfuerzo por culpa de Andrés Luján.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Me Robaron Tres Años, les Cobraré una Vida Entera