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Me Robaron Tres Años, les Cobraré una Vida Entera romance Capítulo 261

—Sí… —asintió Abraham sin dudar—. Cuando estuve buscando expertos por lo del dije de jade, todos mencionaron que la señorita Fina es una leyenda en el sector. Una especie de genio de la restauración. Dicen que cualquier pieza, por imposible que parezca, queda perfecta después de pasar por sus manos.

Tras escuchar esto, el hombre asintió pensativamente.

—En ese caso, tengo aún más curiosidad por ver cómo quedará mi dije después de que lo restaure.

—Seguramente impecable.

Samuel volvió a fruncir el ceño.

—¿Será que mi dije no es lo suficientemente impresionante? ¿O no es tan valioso como ese incensario? ¿Por qué no graba el proceso de restauración de mi pieza?

Abraham se quedó perplejo por un momento. No se había planteado esa pregunta.

—¿Crees que es posible que ni siquiera haya empezado a repararlo? —el rostro de Samuel se ensombreció.

—Imposible, señor Flores —respondió Abraham con seriedad—. Hablaré con ella para meterle prisa.

—Ya lo he intentado, y no parece haber servido de mucho —Samuel se pasó la lengua por el interior de la mejilla, una sonrisa irónica dibujándose en sus labios—. ¿Quién es esta Fina en realidad? Nunca ha mostrado su rostro.

—No sé nada de sus orígenes. Es un completo misterio, pero su talento es innegable.

Samuel siguió mirando el video y, de repente, se dio cuenta de que el suelo de su taller le resultaba extrañamente familiar. Revisó sus videos anteriores; en los primeros se veían sus manos, pero nunca el suelo.

Samuel dio vueltas en la cama, incapaz de conciliar el sueño. Abrió WhatsApp e instintivamente buscó su conversación con Fiona. El último mensaje seguía siendo el que él le había enviado esa noche. Había rechazado su llamada y ni siquiera había respondido a su mensaje. No lograba entenderlo.

Al día siguiente, Fiona tenía que ir a la mansión de los Flores para el chequeo del abuelo. Después del trabajo, cogió su maletín y se dirigió hacia allá.

Justo al entrar por la puerta principal, vio a Esteban y a Bianca de pie bajo un gran árbol. Estaban muy juntos, hablando en voz baja.

—¿Fiona? ¿Qué haces aquí? —fue Bianca la primera en verla. La miró con sorpresa.

—Esa pregunta debería hacértela yo a ti. ¿Qué haces tú aquí?

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