Samuel curvó los labios en una sonrisa leve: —Si es así, entonces daré un paso atrás. ¿Qué te parece ser mi novia?
Fiona levantó la mirada y lo vio a los ojos.
Al notar esa sonrisita en el fondo de su mirada, sintió que le había tomado el pelo.
Había oído que este hombre era muy astuto, pero no esperaba que usara esas tácticas con ella.
Quizá ni pensaba en casarse de verdad, solo quería dejarla sin opciones para rechazarlo, por eso soltó lo del matrimonio primero.
—¿Me estás chamaqueando?
Fiona lo señaló con el dedo, entre indignada y divertida.
Samuel atrapó su dedo y depositó un beso suave en el dorso de su mano.
Con un tono despreocupado, dijo: —Si no lo hacía así, ¿me habrías dicho que sí?
Fiona soltó una risa incrédula: —¡Qué mañoso me salió el señor Flores!
—Entonces, ¿dónde está mi respuesta? —preguntó Samuel sin rodeos—. ¿Aceptas?
Fiona sintió ganas de molestarlo un poco y lo miró con una sonrisa burlona: —Y si no acepto, ¿qué piensas hacer?
Sin dudarlo, el hombre la miró fijamente y dijo, palabra por palabra: —Si no aceptas, te amarro y te llevo al Registro Civil.
Fiona sonrió con amargura.
Sonaba a algo que él haría.
Samuel le puso la mano en la cintura: —Sabes que no quiero usar esos métodos contigo...
—Tampoco te daré la oportunidad. —Fiona le puso las manos en los hombros y se acercó un poco más—: Novio...
En el instante en que esa palabra salió de sus labios, las pestañas del hombre temblaron.
Al segundo siguiente, él bajó la cabeza y besó sus labios sin dudarlo.
Fue un beso intenso. El cuerpo de Fiona tembló al sentir el contacto.
Samuel le sujetó las manos contra el colchón y su voz se tornó más suave: —Fiona, ¿puedo?
Era la primera vez que la llamaba así.
Fue tan tierno que le provocó un vuelco en el corazón.
—Sí...
Ella respondió bajito, con una sonrisa tenue.
Samuel entrelazó sus dedos largos en el cabello de ella y la besó con una dulzura creciente.
Fiona perdió la cuenta de cuántas veces pasó esa noche.
Solo recordaba que, entre sueños, le pareció escuchar al hombre susurrarle al oído un profundo «te amo».
Pero su mente estaba tan brumosa que no supo si lo había imaginado o si realmente lo había escuchado.

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