Samuel la atrajo hacia él y le dijo en voz baja: —Me pidió que te dijera que Liam ya se entregó. Confesó que él fue quien le ordenó a Rubén que te hiciera eso.
—Dijo que lo de la tarjeta bancaria no era cierto, que solo era una excusa. Su objetivo era quedarse con Villa del Alcázar porque un maestro de feng shui le dijo que tenía muy buena energía, pero al enterarse de que probablemente no la venderías, recurrió a esa estrategia.
Al escuchar las palabras del hombre, el rostro de Fiona se ensombreció por completo.
Se giró para mirar a Samuel: —¿Y tú crees que esa historia es creíble?
—En mi opinión, no tiene ninguna credibilidad...
La respuesta de Samuel fue concisa y sin titubeos.
Fiona asintió instintivamente: —De hecho, yo pienso lo mismo. Pero nunca he podido averiguar los antecedentes de Liam. ¿Crees que podrías ayudarme a investigar eso?
—Claro que sí. —Samuel le acarició el cabello, con la mirada llena de ternura—. Mañana pondré a Abraham a trabajar en eso. Por esta noche, descansa bien y no pienses tanto.
—Está bien.
Samuel tomó un tubo de pomada que tenía a un lado y dio unas palmaditas en su propio regazo: —Pon la pierna aquí.
Fiona se quedó atónita un momento antes de reaccionar: —¿Me vas a poner la pomada?
—Sí, déjame ver tu herida.
Al ver que ella no se movía, Samuel extendió las manos y le subió la pierna con delicadeza.
Al levantar el borde de la bata, vio de inmediato la herida en la rodilla.
Aunque no había sangrado, estaba roja e hinchada.
El hombre se puso un poco de ungüento en la yema del dedo y lo esparció suavemente sobre la lesión.
El dolor hizo que ella le apretara el brazo al instante.
Samuel dijo con tono tranquilo: —No has tenido mucha suerte últimamente, te lastimas a cada rato...
—No es mala suerte, es que estoy rodeada de demasiados buitres.



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