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Me Robaron Tres Años, les Cobraré una Vida Entera romance Capítulo 683

Al escuchar sus palabras, Fiona sintió que se le iba el alma a los pies y la ansiedad se reflejó en sus ojos: —¿Qué pasa? ¿Qué sucedió?

—El señor Flores hizo que Lucas trajera a Bianca a Costa de la Rivera. La situación se está saliendo de control, venga rápido a calmarlo...

Los ojos de Fiona se abrieron de par en par por la sorpresa.

Respondió de inmediato: —Voy para allá.

Tras colgar, tomó las llaves del coche rápidamente.

Al verla tan apresurada, Ofelia preguntó con curiosidad: —Fiona, ¿a dónde vas?

—Tengo una urgencia, debo salir.

—Pero ni siquiera has terminado de...

Antes de que Ofelia pudiera terminar la frase, Fiona ya había cerrado la puerta.

Ofelia tenía el presentimiento de que Fiona le ocultaba algo...

Media hora después, en Costa de la Rivera.

Apenas Fiona estacionó el coche en la entrada, escuchó los gritos de una mujer.

Era Bianca.

Fiona y Samuel llevaban un buen tiempo juntos, así que ella conocía su carácter a la perfección; esta vez, realmente lo habían hecho enojar.

Empujó la puerta del jardín y vio la escena de inmediato.

Bianca estaba atada a un árbol, con una naranja sobre la cabeza. Su rostro reflejaba terror y temblaba de pies a cabeza.

Se escuchó el estruendo de un disparo.

La naranja sobre su cabeza estalló al instante.

Bianca rompió a llorar desesperada, mientras el jugo de la naranja le escurría por la cara.

A los pies de Bianca ya había unas veinte naranjas destrozadas.

Lucas miró a Fiona con duda; sin la aprobación de Samuel, no se atrevía a soltarla.

—¿Tengo que repetirlo?

La voz de Fiona subió varios decibeles, cargada de frialdad.

Sin esperar respuesta, Fiona jaló a Samuel hacia el interior de la casa.

Abraham se apresuró a limpiar la escena.

Lucas corrió a desatar a la mujer. En cuanto se soltó la cuerda, ya fuera por el tiempo que estuvo atada o por el susto, a Bianca le fallaron las piernas y se desplomó en el pasto.

...

Segundo piso, despacho.

Fiona cerró la puerta y empujó a Samuel hacia el sofá.

Se sentaron frente a frente y ella habló con seriedad: —¿Tienes idea de lo que estabas haciendo?

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