Al llegar al patio trasero, Fiona se soltó de su agarre.
—No me toques. —Su tono era sereno, pero su voz denotaba una indiferencia total.
Esteban levantó la vista y la miró.
—¿Por qué Silvia vive en Residencial San Jerónimo? —preguntó con voz grave.
Una sonrisa burlona asomó en los labios de Fiona. Al parecer, todo estaba bajo el control de Samuel. Esteban realmente había investigado a Silvia, pero no había descubierto gran cosa, solo información básica y su lugar de residencia.
Ante la situación, Fiona decidió seguirle la corriente.
—Conozco a la madre de la niña. Además, con lo ocupado que está mi tío, ¿crees que tiene tiempo para cuidar de ella todos los días?
—¿Conoces a la madre biológica? —preguntó Esteban, sorprendido—. ¿Y quién es?
—¿A ti qué te importa? ¿Por qué tanto interés?
—Ahora mismo eres mi esposa, ¿y te dedicas a cuidar de la hija de mi tío? —Una sonrisa burlona se dibujó en sus labios—. ¿No te parece que tu comportamiento es inapropiado? Si esto se sabe, ¿no temes el escándalo?
—Si a tu tío no le preocupa el escándalo, ¿por qué iba a preocuparte a ti? —replicó Fiona con indiferencia—. Además, ya te di los papeles del divorcio. ¿Por qué no los has firmado todavía? ¿A qué estás jugando?
—¿Que a qué estoy jugando? ¿No te das cuenta del estado del abuelo? ¿Crees que no quiero firmar?
—Ya te propuse una solución. Podemos fingir un tiempo hasta que el abuelo se recupere y luego…
Antes de que pudiera terminar, él la interrumpió.
—No tengo tiempo para tus teatros.


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