La mirada del hombre, con un deje de superioridad, destilaba falta de respeto y desprecio.
Fiona soltó una risa gélida.
Con su nivel de destreza, en el mercado actual, ese precio era más que justo, incluso podría haber sido mayor. Tres millones era, en realidad, una ganga.
—Puedes preguntar por ahí si con tres millones te alcanza para comprar un par de leones guardianes de esta calidad.
Y sin esperar respuesta, se alejó a grandes zancadas.
—¿Insinúas que me hiciste un favor? ¿De dónde sacas tanta arrogancia?
La voz del hombre resonó a sus espaldas, pero Fiona no se molestó en contestar y siguió su camino.
...
Al llegar a la habitación del abuelo Flores, procedió a examinar su estado de recuperación.
—Abuelo, ¿cómo te sientes hoy? —preguntó mientras le tomaba el pulso, mirando el rostro afable del anciano.
El abuelo Flores asintió.
—Mucho mejor. Ya puedo caminar un poco y respiro con más facilidad.
—Mira, te prepararé una receta de hierbas. Tómala unos días, combinada con acupuntura, y verás cómo te recuperas más rápido.
—De acuerdo, haré lo que digas.
Mientras Fiona recogía sus cosas, el abuelo Flores preguntó con curiosidad:
—Pedro me llamó hoy. Me dijo que te acompaña una niña. ¿Es cierto?
La mano de Fiona, que guardaba su equipo médico, vaciló un instante.


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