—No es asunto mío —respondió el hombre con voz grave, mientras una sonrisa enigmática asomaba en sus labios.
Fiona levantó la vista, se encontró con la mirada de Samuel y, sin dudarlo, rechazó la llamada.
La forma decidida en que deslizó el dedo por la pantalla quedó grabada en la mente del hombre.
—Seguro que no me llama para nada bueno. No quiero contestar —dijo Fiona, dejando el celular boca abajo sobre la mesa, con el rostro ensombrecido.
—¿Aún no ha firmado? —preguntó Samuel, levantando la vista para mirarla con indiferencia.
Una sonrisa burlona se dibujó en los labios de Fiona.
—No.
El hombre no dijo nada más, y un silencio momentáneo se instaló en la habitación.


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