Al llegar a casa, Fiona vio a Ofelia descansando en el sofá.
—¿Ya han vuelto?
—¡Sí, Ofelia! —Silvia corrió hacia ella y la abrazó, con una sonrisa en el rostro.
Fiona llevó a la niña a bañarse. Al salir, vio que Ofelia seguía en el sofá, mirando su celular. Se acercó con curiosidad.
—Es tarde, ¿por qué no has descansado?
—Menos mal que llegas. Una tía mía no se encuentra bien y quiere que la veas. ¿Cuándo abre tu clínica?
—Dentro de dos días —respondió Fiona, mirándola con interés—. ¿Qué le pasa a tu tía?
—Tiene lo mismo que el abuelo Flores, le falta el aire. La medicina convencional no le ha funcionado, por eso quería que la vieras tú.
—Claro. En cuanto abra la clínica, dile que venga a verme y le echo un vistazo.
—De acuerdo. —Ofelia asintió y cambió de tema—. ¿Cómo va lo de tu local? ¿Ya han terminado las obras?
—Sí, ya está casi todo listo. Mañana vendrán a limpiar y, en cuanto esté todo en orden, abriremos.
—¿Y ya has contratado a alguien? —preguntó Ofelia.
—Mañana tengo algunas entrevistas —respondió Fiona con calma.
—Pues elige bien, búscate un buen ayudante…
Fiona sonrió y no dijo nada más.
...
A la mañana siguiente.
Varias personas acudieron a la clínica para la entrevista. Por el momento, Fiona solo pensaba contratar a un especialista en medicina tradicional. Cuando el negocio empezara a funcionar, ya se plantearía ampliar la plantilla.
Justo cuando Thiago abría la puerta, se topó con una mirada gélida. Un hombre con un traje negro, cuya mano de dedos largos y finos se alzaba para abrir la puerta, los observaba.
Thiago se quedó perplejo por un instante, asintió levemente y apartó la vista. Se giró hacia Fiona.
—Fiona, me voy ya.
Fiona se despidió con la mano.
—Adiós.
Su mirada se posó en el hombre que entraba.
—Señor Flores, ¿qué hace usted aquí? —preguntó, con un deje de curiosidad.
—Mi amigo me ha dicho que estabas a punto de abrir. Como él no tiene tiempo de venir a supervisar, me ha pedido que me pase yo a echar un vistazo. —El tono del hombre era neutro, pero en sus ojos penetrantes se vislumbraba un matiz de suavidad.
—¿Acaso su amigo teme que le desmonte el local? —bromeó Fiona.

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