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Meta de renacer: O me hago rica, o me hago viuda romance Capítulo 1026

Isabela y Álvaro regresaron a Nuevo Horizonte.

Durante todo el camino, Isabela se mantuvo callada, perdida en sus pensamientos.

Álvaro estaba preocupado, pero no la presionó para hablar.

Sabía que cuando ella quisiera platicar, lo haría.

Y si no quería, de nada serviría preguntarle.

Lo único que podía hacer era esperar a que ella se abriera por su cuenta.

Tomaron el vuelo de regreso a Nuevo Horizonte y subieron al coche de Álvaro.

Cuando viajaron de urgencia a la ciudad donde Elías se accidentó, Álvaro la había llevado al aeropuerto en su propio coche, el cual se había quedado estacionado ahí.

—Álvaro, ¿crees en la vida después de la muerte o en volver a nacer? —preguntó Isabela, rompiendo el silencio con una duda que lo tomó por sorpresa.

—La muerte es el fin de todo, como una vela que se apaga. Es imposible revivir —respondió él—. Ni siquiera el tema de la reencarnación está comprobado. A fin de cuentas, el que llega a ese punto ya es un muerto, y los muertos no hablan. No hay forma de confirmar si es verdad o mentira.

»Mientras uno esté vivo, debe valorar su vida, valorar lo que tiene y vivir cada día al máximo. No te dejes llevar por historias sobre renacer o reencarnar.

»Si de verdad se pudiera volver a nacer, nadie le tendría miedo a morir. Pero fíjate en la gente que fallece; mueren y ya, ¿quién de ellos ha regresado? Eso es solo un tema de novelas, sirve para pasar el rato, pero no te lo tomes en serio.

Álvaro sabía que las microseries en las que Isabela invertía solían tratar mucho sobre venganzas y reencarnaciones.

Esas historias son entretenidas, te permiten reparar los errores del pasado y cambiar el futuro.

Pero eso solo pasaba en la ficción. En el mundo real, cuando te mueres, te mueres. Tu cuerpo se convierte en cenizas dentro de una urna, o en un recuerdo en papel. Desapareces de este mundo, y la única forma de volver a verte es a través de fotografías.

Isabela se quedó en silencio un momento antes de responder:

—Tienes razón. Muerto el perro se acabó la rabia. Sería imposible renacer. Si de verdad fuera así, el mundo entero sería un caos con tanta gente volviendo a la vida.

»Pero su sueño le permitió ver qué pasó después de mi muerte.

Álvaro la miró de reojo un segundo antes de regresar la vista al asfalto.

—Fueron marido y mujer. Es normal que haya cierta conexión entre ustedes, y quizá por eso compartieron el sueño.

»¿Fue por ese sueño que cambiaste de actitud con él?

Isabela volvió a asentir.

—El desenlace en el sueño era tan horrible que hasta un tonto sabría qué hacer. Cuando desperté, me la pasé días pensando en ello, y me obligué a soltar mis sentimientos por Elías. Mi vida estaba en juego.

»Admito que todo lo que tengo hoy en día es gracias a él, pero me debía mucho. Me utilizó, y yo lo utilicé a él. Estamos a mano.

Isabela no se arrepentía de ninguna de las decisiones que había tomado, ni de las cosas que había hecho.

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