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Meta de renacer: O me hago rica, o me hago viuda romance Capítulo 1025

Pero, lamentablemente, estaba tan débil que apenas podía pronunciar un par de palabras. Con solo hablar un poco sentía que le faltaba el aire.

Tampoco podía moverse ni agarrar su celular para llamarla y pedirle que regresara.

La señora Silva y los demás entraron a la habitación.

Al ver que Elías tenía los ojos rojos y lágrimas en el rostro, su madre, Valeria, se apresuró a secarle las lágrimas, con el corazón encogido, mientras se quejaba de Isabela:

—¿Qué te dijo esa mujer? Apenas estás fuera de peligro, con estas heridas tan graves, y viene a decirte cosas que te lastiman.

»Eli, aún eres joven. Si quieres, puedes tener a la chica que desees. Cuando te recuperes y vuelvas a casa, te organizaré algunas citas para que conozcas a alguien mucho mejor que Isabela.

»No pienses más en ella, ni en Jimena. Ninguna de las dos te conviene.

Cuando su hijo tuvo el accidente de coche, Isabela había accedido a visitarlo, y por eso la señora Silva estaba agradecida.

Pero al enterarse de que Isabela había aceptado salir con Álvaro, que ya era su novia oficial e incluso lo habían hecho público, no pudo evitar guardarle rencor por no darle una segunda oportunidad a su hijo.

Aprovechando que su hijo estaba fuera de la ciudad por trabajo, Isabela aceptó a Álvaro.

Valeria sabía que su hijo había cometido errores, pero estaba tratando de enmendarlos. Lo estaba haciendo muy bien, pero Isabela se negaba a perdonarlo.

En el fondo estaba molesta, aunque prefirió callárselo.

—Si Eli e Isa se divorciaron, tú también tuviste mucho que ver. ¿De qué sirve que le digas todo esto ahora? —la reprendió la abuela Fátima.

La anciana volvió a sentarse al lado de la cama.

—Abuela... —la llamó Elías con voz ronca.

—Eli, si es importante, dímelo. Si no, espera un poco. Lo que más necesitas ahora es descansar —le respondió la abuela con ternura, acariciando el rostro enflaquecido de su nieto.

Había pasado una semana entera en terapia intensiva, era lógico que hubiera perdido peso.

Que Eli hubiera salido de ahí ya era un milagro. ¿Cuántas personas entran y nunca vuelven a salir con vida?

—Cuando te recuperes, te vamos a dar de comer muy bien para que agarres fuerzas. Tienes que descansar. Vicente y los demás se encargarán de la empresa.

Cuando los hijos están sanos, los mayores siempre les exigen ser los mejores, pero cuando algo malo pasa, de pronto se dan cuenta de que estar vivos y con salud es lo único que importa.

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