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Meta de renacer: O me hago rica, o me hago viuda romance Capítulo 1030

—Isabela, ¿le pasó algo malo a Elías? —preguntó Jimena, tragándose el coraje para tantear el terreno.

—Ya no tengo nada que ver con Elías, ¿cómo voy a saber si le pasó algo? ¿Qué no andaba de viaje? —le regresó la pregunta.

Jimena guardó silencio un instante y soltó:

—Escuché por ahí que tuvo un accidente.

—Pues pregúntale a quien te lo dijo, ¿para qué me buscas a mí? No leo la mente de Elías para saber qué hace en sus viajes.

—¿De verdad no sabes nada?

—Te digo que no.

—Estoy bastante ocupada con mis propias cosas, no tengo tiempo para andar de chismosa. Él y yo ya somos unos desconocidos.

—De ahora en adelante, no me andes preguntando por él, Jimena. Ya te dejé el camino libre con Elías, si no puedes retener a tu amigo de la infancia es tu problema, no el mío. Ahorita soy la novia de Álvaro.

Jimena replicó muerta de celos:

—¿Pues qué te ven? Te separas de Elías y luego consigues a Álvaro. ¿Acaso los dos están ciegos?

—Al contrario, tienen muy buena vista y saben reconocer lo que valgo. Con la que están ciegos es contigo.

—No me interesa que veas mis virtudes, me basta con que Álvaro las vea. Cuando nos casemos, te mandaré una invitación.

—Ya me viste convertirme en la señora Silva, y ahora me verás convertirme en la señora Morales. Parece que tengo mucha suerte con los grandes apellidos.

Jimena se puso roja del coraje.

—Si me marcaste nada más para sacarme sopa sobre Elías, ya te puedes ir. No sé nada, y si no tienes otra cosa qué decir, te cuelgo.

Sin esperar respuesta, Isabela cortó la llamada.

No tenía nada más de qué hablar con ella.

Jimena, fúrica, se quedó afuera echando pestes de Isabela por un buen rato. Cuando se cansó de maldecirla, se subió a su coche y se largó indignada.

Isabela lo recibió.

—¿Ya te bañaste? —preguntó Vanessa.

—Sí. Quería dormirme temprano porque estoy agotada, pero para qué te miento, lo de Elías me tiene pensativa. Que haya estado en coma tantos días... Aunque no voy a volver con él, tampoco quiero que se muera. Ojalá se recupere.

—Vino Jimena, estaba aquí afuera y me marcó para que saliera. Ni le hice caso.

Vanessa se sentó junto a su hija.

—Sí, me di cuenta. Le dije a tu tío y a tu tía que no le hicieran caso, anda como desquiciada.

—No puedo creer que haya terminado así.

En el pasado, Jimena iba muy seguido a la casa de los Méndez a buscar a Rodrigo, por lo que Vanessa prácticamente la vio crecer. Aunque sabía que la joven era bastante hipócrita, jamás imaginó que llegaría a tales extremos.

—Siempre la tuvieron en un pedestal. Se acostumbró a que todos le cumplieran sus caprichos y ahora que la realidad le dio un golpe, no lo soporta. Hizo berrinche y perdió la cabeza.

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