—Los buenos días de Jimena están por terminar.
Isabela añadió:
—Sin el favoritismo de Elías y con Rodrigo siéndole infiel, ¿qué buena vida le puede quedar? Incluso si se divorcia de Rodrigo y vuelve a su casa, su familia no la consentirá como antes.
Los padres de Jimena la querían, era cierto, pero gran parte de ese cariño se debía a su relación con Elías.
Ella podía aportarle muchos beneficios al Grupo Castillo.
Los empresarios son sumamente calculadores.
Incluso siendo su propia hija, en cuanto perdiera su utilidad, serían capaces de abandonarla sin dudarlo un segundo.
—Mamá, mejor no hablemos más de ella. Nuestra vida será cada vez mejor. Ya es tarde, vamos a descansar.
—Está bien. ¿Vas a ir de visita a la casa de la familia Morales? ¿Quieres que te acompañe?
Isabela sonrió.
—No hace falta. La familia Morales no me va a comer, solo voy a cenar. Además, no es la primera vez que voy.
La única diferencia era que antes iba como amiga de Carolina Morales, y nunca había conocido a todos los mayores de la familia. Esta vez iría tanto como la amiga de Caro como la novia de Álvaro.
—Ya te preparé el regalo, ese día solo tienes que llevarlo contigo.
—Gracias, mamá.
—No hay por qué ser tan formales entre madre e hija. Me hace muy feliz que hayas podido dejar atrás a Elías y estés dispuesta a empezar una nueva vida. Álvaro es un buen muchacho; tal vez no sea tan imponente como Elías, pero tiene un carácter amable. Al menos con nosotras siempre es muy dulce.
—Y lo más importante es que te respeta, tiene ojos solo para ti. Su amor es completamente distinto a la actitud dominante de Elías. Aunque Elías ahora esté arrepentido, siempre he sentido que lo suyo es más bien culpa, no amor verdadero.
Isabela pensó para sí misma: Exacto, lo de Elías es solo culpa por su vida pasada.
Él había soñado con todo lo que pasó en su vida anterior.

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