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Meta de renacer: O me hago rica, o me hago viuda romance Capítulo 69

—Claro —respondió Isabela con una sonrisa.

Después de terminar la llamada, Isabela disfrutó de su cena con gran satisfacción.

***

Al otro lado, Elías, el señor Rodrigo y la señora Jimena también acababan de empezar a cenar.

Antes, cuando los tres comían juntos, Rodrigo y Elías siempre cuidaban de Jimena. Si comía camarones, ellos se los pelaban; si comía cangrejo, ellos le sacaban la carne.

Si comía pescado, le quitaban hasta la última espina.

Su grupo de amigas la envidiaba por tener dos amigos de la infancia que la consentían como a una reina.

Pero ahora, solo Rodrigo la atendía. No es que Elías no quisiera ser atento con ella, pero delante de su amigo, ya no podía comportarse de la misma manera.

Elías también estaba pensando en Isabela.

Se preguntaba si esa mujer ya habría comido.

—Elías.

Jimena lo llamó.

Elías estaba tan concentrado en su plato que no le respondió.

Jimena lo llamó de nuevo, y solo entonces Elías reaccionó y levantó la vista hacia ella.

—Jimena, ¿qué pasa?

—¿Qué te sucede? —intervino Rodrigo—. Estás completamente distraído, ni siquiera pruebas los otros platillos.

»¿Es que no te gusta la comida, o estás preocupado por Isabela? ¿Te preocupa que tenga hambre?

»Jimena te llamó dos veces para que reaccionaras. Quería que te sirvieras más comida.

Dicho esto, Rodrigo le pidió a un sirviente que le sirviera más comida a Elías, llenándole el plato hasta el borde.

—Yo puedo servirme —dijo Elías apresuradamente.

—No comas solo verduras, come más mariscos. Todo está muy fresco y delicioso.

»No tienes que ser tan formal ni distanciarte de nosotros a propósito. En estricto rigor, ya somos familia —dijo Jimena con dulzura. Aprovechó para servirle un poco más de vino a Elías y no se olvidó de traerle un postre a Rodrigo.

»Sigamos como antes, sin distinciones.

Elías sonrió levemente.

—Claro que seguimos siendo amigos, pero ya no podemos actuar como antes, sin distinciones. Jimena, ya eres la esposa de Rodrigo, y debo mantener una cierta distancia contigo.

»No quiero que Rodrigo lo malinterprete y me vea como un rival, y que luego ni siquiera me deje entrar a la casa de los Méndez.

Jimena tomó la botella de vino y les llenó las copas a ambos, mientras que la suya la dejó a la mitad.

—Eso no pasará, Rodrigo no lo malinterpretaría.

»Vamos, brindemos los tres. Hace mucho que no bebemos juntos.

Los dos hombres dejaron sus cubiertos, levantaron sus copas y brindaron con Jimena.

Bebieron de un solo trago.

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