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¿Mi Alfa pretende tener dos Lunas? ¡Se acabó para mí! romance Capítulo 10

Perspectiva de Laila.

Maris exhibía un semblante fastidiado, pero no dudó en articular:

—En efecto, me muestro de acuerdo. Carezco de las mezquindades que caracterizan a ciertas lobas de cuna aristocrática. Si la concepción de tu propio cachorro contribuye a mitigar tus pesares, no tengo el menor inconveniente en compartir las atenciones de Holt contigo. —Se aproximó a mi posición—. Señorita Conlay, mi naturaleza es la de una miliciana. Disto de parecerme a ti; no suelo enfrascarme en sentimentalismos y guardo el debido respeto hacia el lazo que te une a Holt. He de admitir que posees la fisonomía de una fina pieza de porcelana: frágil, propensa a fracturarse, pero de una belleza deslumbrante. Por la Diosa de la Luna, ¿qué despropósitos estoy articulando? En fin, mi presencia aquí no obedece al deseo de dinamitar tu unión con Holt. Si muestras la debida disposición… —Me tomó de la muñeca de forma imprevista, forzando mi mano gélida a posarse sobre sus extremidades entrelazadas—. Tenemos la capacidad de cohabitar y compartir absolutamente todo. Incluso las vivencias en el lecho nupcial. Me genera cierta curiosidad descifrar cuál de las dos se adecúa de mejor manera a las exigencias de un guerrero.

—¡Cierra la boca! ¡¿Quién en su sano juicio querría involucrarse en una abyecta promiscuidad con ustedes dos?! —Retiré mi mano de un tirón. Semejante propuesta rozaba los límites de la demencia—. Maris, ¿acaso asumes que me veo imposibilitada para subsistir al margen de Holt o de los recursos de la Manada Ironclaw? ¿Consideras que carezco de una existencia propia o de aspiraciones personales? ¿Por qué habría de condenarme a vegetar bajo tu sombra, conformándome con tus desperdicios?

Maris se quedó de piedra por unos instantes antes de contraer el entrecejo, al tiempo que sus orejas puntiagudas se replegaban hacia atrás denotando disgusto.

—Laila, recobra la cordura, te lo suplico. Mi única motivación es brindarte una alternativa…

—Abstente de fingir una benevolencia que no posees —le corté la palabra con total frialdad—. Si tuvieras un ápice de consideración hacia mi persona, conminarías a Holt a disolver el lazo de compañeros en lugar de pretender instrumentalizarme a modo de objeto decorativo en tu fortaleza.

—¿Disolver el lazo de compañeros? ¿Pretendes esgrimir eso a modo de amenaza, Laila? —Maris dejó escapar una sonrisa burlona—. ¿Asumes que, si no emprendo la retirada por iniciativa propia, lo forzarás a repudiarte? Te consta que es un varón de responsabilidades; jamás va a acceder a tus peticiones.

A lo que Holt secundó:

—¡Laila, bajo ninguna circunstancia voy a fracturar nuestro lazo! ¡Toda esta estructura fue diseñada con el único fin de salvaguardar tu integridad!

—Paso —respondí con el semblante gélido—. El único pavor que los atenaza es el escrutinio público: temen ser el blanco de las críticas que lo tachen de ser un macho que abandonó a su compañera legítima y pisoteó sus votos nupciales. Cada una de sus acciones obedece estrictamente a sus propios intereses, pero se empecinan en disfrazarlo de benevolencia hacia mí. Me resulta de verdad nauseabundo.

Holt se mostró visiblemente alarmado.

—Mis intenciones distan de alinearse con esa interpretación. Estás incurriendo en un grave error de juicio.

Maris soltó un bufido y movió la cabeza en señal de desaprobación.

—He agotado mi paciencia con este asunto. Tenía la certeza de que las lobas de cuna aristocrática no acarreaban más que contrariedades, y hoy he tenido la oportunidad de constatarlo en carne propia. ¡Maldita sea, deberías trasladarte al frente de batalla para presenciar cómo la guerra verdadera desmiembra absolutamente todo! ¡Solo entonces alcanzarías a comprender que preservar la existencia bajo el amparo de un clan de gran poder poseer una relevancia inmensamente superior a tu absurda «dignidad»! —Me barrió con una mirada cargada de desdén de pies a cabeza—. ¿Una Omega poseedora de una fragancia tan tenue como la tuya? ¿Cuántas jornadas calculas que lograrás subsistir desprotegida en las tierras salvajes? Con una fisonomía como esa, te transformarás en el blanco predilecto de cada renegado y de cada Alfa codicioso de las inmediaciones. El pavor te impedirá conciliar el sueño por las noches. Despierta a la realidad, Laila.

Capítulo 10 Trío 1

—¡¿De qué se supone que he de tener temor?! —los ojos de Pearl se encendieron en un vivo tono escarlata debido a la indignación—. ¡Hasta una loba de mi condición tiene perfectamente claro que usurpar el lugar de la compañera legítima de alguien es una infamia de la cual incluso los renegados se avergonzarían!

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