Perspectiva en tercera persona:
—¡Exacto! ¡Laila, no puedes ser una desagradecida!
Freya se secó las lágrimas y siguió el juego.
—Cuando tu familia... sufrió aquel accidente, mi mamá temía que te derrumbaras. Se quedó a tu lado día y noche. Hasta te dejó dormir junto a ella para que no te sintieras sola. Te ayudó a superar tus días más oscuros. ¿Cómo puedes ser tan cruel ahora y dejarla morir así nada más?
—Laila, fuiste tú quien le pidió al Rey Alfa que rompiera el vínculo de pareja con Holt. ¡Holt y yo jamás quisimos que te fueras!
Elara se llevó una mano al pecho con dramatismo.
—¡Aún recuerdo que dijiste que siempre me tratarías como a tu madre! Cuando te fuiste, casi vacié el almacén de la Manada Ironclaw para asegurarme de que estuvieras bien. Temía que sufrieras después de marcharte... Los muebles grandes, las pieles caras, hasta la vajilla... te llevaste todo eso, ¿no? ¿Cómo puedes olvidar eso y aun así negarte a dejar que Rowan me salve?
Su discurso melodramático surtió efecto. Cada vez más personas se reunieron alrededor, murmurando.
Algunas voces llegaron con claridad.
—Creo que es verdad... El día que Laila dejó la Manada Ironclaw, la caravana de mudanza era larguísima. Se llevó muchas cosas.
—Yo también lo vi. Había varios carros grandes. Cargaron biombos tallados, tapetes gruesos e incluso candelabros de bronce.
—Si de verdad recibió tanta compensación, entonces hacer esto ahora... no la deja muy bien parada.
—¿Quién sabe cuál es la verdadera historia? Las familias nobles siempre son complicadas...
Laila permaneció inmóvil, escuchándolo todo. Sus ojos dorados se entrecerraron bajo la luz del sol.
Faulkner y las dos amas de llaves estaban junto a Laila. No se apresuraron a discutir. Solo escucharon con frialdad mientras Elara hablaba y la multitud cuchicheaba.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¿Mi Alfa pretende tener dos Lunas? ¡Se acabó para mí!