Finalmente, llegaron a la residencia de la familia Herrera, y cuando Julia bajó del auto, le dijo a Cristina:
—Recuerda venir mañana con Natán para comer juntos.
Al día siguiente era Acción de Gracias, por lo que la familia tenía que reunirse. Cristina sintió mucha felicidad tras escucharla.
—Está bien, madre.
Después de que Julia y Helena bajaran del auto, el chófer llevó a Cristina a la Mansión Jardín Escénico. Cuando llegó, sirvió un vaso de leche tibia y subió al segundo piso, donde Natán estaba trabajando en su estudio; después de todo, las mucamas le dijeron que el hombre se fue directamente a trabajar cuando regresó a la mansión y que ni siquiera cenó. Obviamente, Cristina no podía permitir que su esposo se fuera a la cama con el estómago vacío.
—¿Por qué sigues trabajando a estas horas? —Le preguntó mientras abría la puerta, pero de inmediato, un hedor a sangre la detuvo en seco. Sintió un vuelco en su corazón, y antes de que pudiera hacer algo, la escena la asustó: varios guardaespaldas estaban golpeando a un hombre. Era algo terrible pues este estaba cubierto de sangre, se notaba que apenas y podía respirar y no había ni una parte de su rostro que no estuviera hinchada.
Magdalena la miró primero y la amargura llenó su interior al notar la sorpresa en la mirada de Cristina.
—Permítanos un momento, señora Herrera, estamos en medio de un asunto importante —dijo la mujer.
¿Pero qué tipo de asunto requiere torturar a alguien más? Cristina comenzó a temblar y por poco dejó caer el vaso de leche que llevaba en la mano, de hecho, dudó si debía entrar en la habitación o no, y antes de que pudiera reaccionar, Natán ya la estaba abrazando. El pecho del hombre era demasiado cálido.
Natán dio una mirada a sus trabajadores y ordenó:
—Encárguense del resto y llévenlo a la estación de policías.
—Entendido, señor Herrera.
Los guardaespaldas rápidamente sacaron al hombre del estudio, pero antes de irse, el hombre al que habían golpeado comenzó a suplicar:
—Por favor, perdóneme, señor Herrera, no...
Tan pronto como se lo llevaron, las mucamas entraron al estudio y comenzaron a limpiar sin dejar un solo rastro de sangre. Fue hasta entonces que Cristina fue capaz de hablar.
—¿Qué fue lo que pasó? —Internamente sabía que debía ser algo serio, porque de otra manera, no habrían golpeado a nadie.
Natán le quitó el vaso de leche que llevaba en la mano y le dio un sorbo mientras abrazaba a la mujer desde la cintura. En eso, Sebastián habló:
—El Departamento de Finanzas presentó algunos problemas con la información de la empresa y arruinó las cuentas que tenemos. Es un asunto muy importante, por lo que el señor Herrera tuvo que intervenir.
Se había descubierto que una empresa enemiga del Corporativo Herrera pagó a uno de los empleados del departamento de finanzas para que cambiara la información y arruinara las cuentas. De hecho, el problema era tan serio que todos los trabajadores del mismo departamento pasaron por un mal momento tratando de resolverlo, incluso tuvieron que trabajar tiempo extra, pero no tuvieron éxito.
Los celos crecían en el corazón de Magdalena mientras veía como Natán abrazaba a Cristina.
«Parece que Cristina no tiene idea de lo que se está hablando, apuesto a que ni siquiera conoce la información que se maneja en el departamento de finanzas».
En ese momento, Magdalena se convenció de que tenía que hacerle saber a Natán que Cristina siempre le sería inútil.
«Yo soy la única que puede cargar con sus problemas», pensó.
—Señor Herrera, me contacté con un ingeniero de la información que cuenta con bastante experiencia en el área, se llama Damián Montoya, estoy segura de que él podrá ayudarnos —dijo Magdalena con seguridad.
Los ojos de Sebastián se iluminaron.
—¿Damián? No será sencillo contratarlo.
Todas las personas dentro de la industria conocían ese nombre.
«Si en verdad pudiera ayudar al Corporativo Herrera, todo se solucionaría en un instante», pensó Sebastián.
Magdalena sonrió orgullosa de sí misma.
—Claro que no, solo necesito llamarlo —dijo ella, y luego miró a Natán con seriedad—, si me da permiso, me comunicaré con él. —Luego de hablar, miró a Cristina con desdén.

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