La expresión de Julia se ensombreció. Al mismo tiempo, Magdalena no pudo evitar reírse por lo bajo, pues sabía que Julia le tenía mucha fe al sacerdote y esperaba que sus palabras pudieran evitar que Cristina se quedara con la familia Herrera. En eso, Julia dio un paso hacia atrás y su rostro palideció. Helena se dio cuenta de lo que estaba pasando y rápidamente intervino.
—Señora Herrera, ¿se encuentra bien? —Helena estaba horrorizada.
Cristina tenía la intención de ayudar a Julia, pero Magdalena se metió en su camino y la hizo a un lado; entonces, con un tono de voz lleno de sarcasmo, le dijo:
—¿No escuchaste que el sacerdote dijo que traerías mala suerte? Deberías irte de aquí.
Cristina sintió que era una injusticia, pues basándose en lo que recién había sucedido, parecía que Magdalena había planeado todo con el sacerdote, pues la mujer también se dio cuenta de que intercambiaron miradas cuando la vieron.
«¿Julia podría creerme si le cuento sobre mis sospechas?».
Después de recuperar el sentido, Julia miró al sacerdote con seriedad.
—Parece muy seguro de lo que dice, pero me parece extraño porque no le había dicho a nadie que Cristina era mi nuera.
—Eh... —El sacerdote se quedó sin palabras y se culpó a sí mismo por su error.
El rostro de Julia se contorsionó de la molestia. Por lo general, ella siempre estaba sonriendo y era demasiado amigable, pero ahora, una furia abismal estaba creciendo en su interior.
—Cristina lleva años con nosotros y el Corporativo Herrera ha seguido funcionando extremadamente bien, nuestra empresa incluso ha alcanzado nuevos horizontes, ¡así que sus palabras no pueden ser tomadas en serio! ¡No tiene ningún fundamento para hacer esas acusaciones! Estoy segura de que alguien le pagó para que dijera esas tonterías sobre ella, lo peor es que yo confié siempre en usted, pero hoy me decepcionó. ¡Jamás volveré a esta iglesia!
Aunque Cristina no era la nuera que ella eligió, no podía permitir que fuera difamada de esa manera. Nadie se esperó la reacción de Julia, por lo que de repente, el ambiente dentro de lugar se volvió tenso. Así mismo, la expresión de Magdalena cambió por completo cuando se dio cuenta de que su plan de dar una buena impresión había salido mal.
—Señora Herrera, seguramente el sacerdote inventó eso, no le preste atención —dijo Magdalena con amabilidad tratando de quedar bien con Julia, también se alejó del sacerdote temiendo que la madre de Natán pudiera pensar que ella estaba involucrada.
De la misma manera, Marlene intentó librarse del problema.
—Señora Herrera, no hay que hacer caso a las palabras del sacerdote, ¿qué le parece si vamos a Delicias Luna y nos tomamos una taza de café? Ha pasado bastante tiempo desde la última vez que tuvimos una buena plática. —La mujer sujetó el brazo de Julia y empujó a Cristina atrás de ellas.
Cristina sintió que había gato escondido en el comportamiento de Marlene, además, le preocupaba saber si las palabras de Julia eran honestas para apoyarla, o si en realidad solo estaba siendo amable con ella; por lo tanto, decidió quedarse atrás y no presionar a Julia con su presencia.
Mientras todas caminaban hacia la entrada, Magdalena miró a Julia con nerviosismo, pues esa no era la primera vez que utilizaban un plan así, de hecho, cuando Natán estaba a punto de casarse, sobornaron a otro sacerdote para que hablara mal de Cristina frente a Julia. En aquel entonces, cuando el sacerdote hizo todo ese tipo de comentarios, Julia le creyó y aceptó que Cristina solo traería desgracia a su familia; pero su comportamiento de ahora fue totalmente diferente. A Magdalena le sorprendió que este mismo truco fallara esta vez.
Cuando salieron de la iglesia, Julia se detuvo y dijo:
—No me siento bien, me temo que esta tarde no iré a tomar café.
Magdalena se decepcionó de inmediato pues pensaba que tendría la oportunidad de ganarse el favor de Julia. En eso, Marlene sonrió y se acercó para aliviar la tensión.
—Está bien, no se preocupe, señora Herrera, la visitaremos cuando se sienta mejor.
Julia no respondió, simplemente se dio la media vuelta y buscó a Cristina con la mirada. Cuando la encontró, le dijo:
—Ven Cristina, vamos al auto.
Cristina la miró incrédula, pero la siguió. En eso, Julia la tomó de la mano y Cristina comentó:
—Señora Herrera...

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