El ambiente fue tenso al principio, pero Cristina se echó a reír después de escuchar las palabras de Lucas.
—Lucas tiene razón. No vuelvas a mencionar eso nunca más.
Como Cristina no quería hablar, Camila se quedó en silencio.
Después de terminar la comida, los niños se cepillaron los dientes y se lavaron la cara antes de acostarse.
A la mañana siguiente, Cristina se levantó temprano y se vistió con un impresionante conjunto clásico y sofisticado de color rosa. Su largo cabello caía en cascada sobre sus hombros y se veía hermosa como siempre.
—¡Guau, mami! ¡Te ves tan bonita!
Los niños ya se habían puesto sus uniformes. Asomaron la cabeza en su habitación y la miraron con asombro.
—Gracias, mis queridos —respondió Cristina con una sonrisa, sintiéndose animada por los elogios de la madrugada.
Lucas miró el reloj y le instó:
—Mami, date prisa. ¡Se está haciendo tarde!
Cristina se puso un lápiz labial malva pálido y agarró su bolso.
—¡Vamos!
Dejó a los niños en el jardín de niños antes de ir a trabajar.
En la oficina, cuando Cristina se acercó al ascensor, sus puertas se abrieron para revelar a Natán de pie dentro. Su expresión era impasible, asemejándose a una estatua. Había círculos oscuros enmarcando sus ojos, una clara señal de que no había dormido mucho.
Como no se movían ni un centímetro, Sebastián sintió que estaba a punto de asfixiarse en el ascensor.
En ese momento, el teléfono de Cristina comenzó a sonar.
—Pueden subir primero. —Les dijo con calma.
Luego giró sobre sus talones para responder a la llamada.
Después de que las puertas del ascensor se cerraron, se subió a otro ascensor para subir. Cuando entró en la oficina, Rita se abalanzó feliz sobre ella.
—¡Buenas noticias, Cristina! ¡Buenas noticias!
Cristina se sorprendió por lo ansiosa que estaba.
—¿Puedes hablar después de calmarte?
No pudo evitar preguntarse por qué Sebastián podía mantener la compostura en todo momento mientras su propia asistente a menudo estaba nerviosa.
Rita recuperó con rapidez la compostura y aclaró:
—¡Me entusiasmé demasiado cuando el señor Herrera me llamó para anunciarme que el señor Midas colaboraría contigo para la próxima colección!
—¿Midas? ¡No puedo creer que haya podido contactar a Midas tan pronto! —Cristina estaba eufórica.
Cuando firmaron el contrato, una de las condiciones era invitar a Midas a una colaboración.
Colaborar con un diseñador de renombre en la industria era un sueño hecho realidad para todo diseñador.
Una media sonrisa se dibujó en los labios de Cristina.
—Date prisa, prepara las cosas necesarias para la reunión.
Salió de la oficina deprisa, con un notorio buen humor. A las diez en punto, Cristina y Rita se presentaron en la sala de conferencias.
—Hola, señor Midas. Es un honor tener la oportunidad de trabajar con usted —saludó Cristina a Midas en un anglandino fluido.
Los labios de Midas se curvaron en una sonrisa.
—Escuché hablar de ti. Eres una diseñadora con un estilo único.
—Gracias por el cumplido. —Cristina estaba encantada de escuchar eso.
Una serie de pasos sonaron detrás de ella. Cristina se giró sobre su hombro para ver a Natán entrando en la habitación con Sebastián.
—¿Podemos empezar la reunión ahora? —preguntó Natán con voz profunda y ronca.
—Claro. Midas, por favor, tome asiento.
Tomaron sus asientos, y Natán eligió de manera intencional el más cercano a Cristina, colocándolos más cerca el uno del otro que cualquier otra persona en la sala.
La mirada de Cristina estuvo fija en Midas todo el tiempo, y no miró a Natán.
Midas era un ultramaro con rasgos bien definidos y mandíbula cuadrada. Tenía un gran sentido del humor, pero cuando se trataba de hablar de diseño, estaba por completo concentrado.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¿Mi esposo es mi amante secreto?