Timoteo tampoco tenía idea de las cosas horribles que Andrea, la hija de Nicandro, había hecho. Cuando Cristina quiso volver a los García y heredar el negocio familiar, Andrea fue la que más se opuso a esa idea.
Si el padre y la hija estuvieran unidos en sus pensamientos, Nicandro haría de manera inevitable que Andrea lastimara a Cristina para preservar sus intereses y poder.
La pregunta llegó como un rayo caído del cielo. Estupefacto, Nicandro malinterpretó el significado de Timoteo y se burló.
—Timoteo, ¿estás culpando a Andrea por todo lo que le ha pasado a la familia García? ¿Cómo podrías renunciar a los lazos familiares en aras de la venganza?
Timoteo solo quería obtener información de Nicandro y no había pensado tanto en el asunto como este último suponía.
—Andrea vino a Jadentecia muy a menudo. Me temo que es demasiado joven y le falta consideración antes de actuar, y podría haberse metido en problemas. De lo contrario, ¿por qué Natán me la mencionaría?
Nicandro era demasiado orgulloso y protector con su hija. Por supuesto, diría o haría cualquier cosa para defender a Andrea.
—¿Por qué no cuestionas a tu propia hija? Si fuera en realidad capaz, no habría sido necesario de que Andrea trabajara tan duro y corriera para conseguir inversiones para Corporación García. Al final, ella ni siquiera se ganó ningún favor para sí misma. Por cierto, escuché de Andrea que Cristina a menudo le pone las cosas difíciles desde el día en que se hizo cargo de la empresa. Y aquí estás, protegiéndola antes de que pueda interrogarla sobre esto.
»Si no puedes convencer a Natán de que cambie de opinión, entonces espera a que Corporación García se declare en bancarrota. Sea lo que sea, he hecho todo lo posible para ayudar. —Con eso, Nicandro demostró lo egoísta que era justo antes de colgar la llamada.
—¡Maldita sea! —maldijo Timoteo mientras agarraba su teléfono con expresión feroz.
«¡No es posible! ¡No puedo quedarme quieto y ver cómo Corporación García quiebra! Mientras Cristina siga siendo mi hija, debe asumir la responsabilidad de salvar la empresa».
Con ese pensamiento en mente, Timoteo marcó el número de Cristina.
En ese momento, ella estaba en su oficina guardando sus cosas mientras esperaba que Natán la recogiera. Una llamada de Timoteo era lo último que esperaba.
—¿Necesitas algo, papá? —Su tono era indiferente.
—Cristina, ¿sigues enfadada con tu abuela y conmigo? —preguntó Timoteo.
Cristina se sentó en el sofá y se frotó la barriga.
—¿Qué quieres?
Timoteo pudo sentir que ella no quería entablar una conversación con él y suspiró.
—El arrepentimiento se apoderó de tu abuela y de mí cuando te fuiste de Helisbag con los niños el otro día. En realidad, no deberíamos haber usado a los niños para obligarte a hacer algo.
Cristina se quedó en silencio después de escuchar eso.
—Por favor, encuentra algo de tiempo para volver a casa, Cristina. Tu abuela te echa mucho de menos. Danos la oportunidad de disculparnos contigo. —Timoteo apeló a sus emociones—. Ahora que por fin nos hemos reunido, estoy seguro de que a tu mamá no le gustaría vernos separados de nuevo. Tu abuela y yo no te obligaremos a hacer nada que ya no desees hacer. —Luego agregó—. Las cosas no van muy bien para la familia García. ¿No volverás a visitarnos? Por el bien de tu madre.
Timoteo no mencionó ni una palabra acerca de su reunión con Natán en Jadentecia. Sabía que Cristina era una persona filial y sentimental que valoraba las relaciones por encima de todo, y seguro no lo rechazaría si usaba a su madre como excusa.
A Cristina se le encogió el corazón. Aunque se había decepcionado por completo de la familia García, no fue fácil para ella trazar la línea y cortar los lazos con aquellos con los que estaba emparentada por sangre.
—Papá, Lucas y Camila fueron el límite. No me atrevo a perdonarlos a todos por lo que han hecho, pero tampoco estoy en posición de comentar sobre sus planes para vengarse de la familia Herrera. He estado muy ocupada en los últimos días, por lo que no es factible para mí ir y venir entre dos lugares. La abuela y tú deberían cuidarse a sí mismos. Ya encontraré tiempo para visitarlos.
Las palabras de Cristina indicaron de forma directa su negativa a seguir siendo utilizada por la familia García como peón en su venganza.

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