Entrar Via

¿Mi esposo es mi amante secreto? romance Capítulo 592

Cuando se trataba de ser cruel y despiadada, Cristina no era rival para Natán.

Cristina había puesto a prueba a Sharon varias veces después de la bancarrota de la familia Suárez. A partir de entonces, Natán ya había adivinado que Cristina perdonaría a Gedeón algún día.

—Natán, me doy cuenta de que mi mamá todavía no puede olvidarse de Gedeón a pesar de que él la maltrató en el pasado —dijo Cristina—. Ahora que han pasado tantas cosas y Gedeón ha cambiado tanto, creo que de verdad quiere reconciliarse con mi madre. Pero no puedo dejar de sentir miedo. Tengo miedo de no poder juzgar a las personas con precisión y volver a ser una carga para mi madre.

Natán la consoló:

—Tu juicio no es defectuoso, Cristina. Tu madre te quiere mucho y nunca te ha guardado rencor. ¿Por qué no tienes una conversación abierta y honesta con ella? Dado que esta es su relación, debemos respetar su elección.

Las lágrimas brotaron de los ojos de Cristina mientras asentía agradecida.

—Gracias, Natán.

Natán le secó con suavidad las lágrimas con los dedos y le pellizcó la mejilla.

—Dales un poco de tiempo a solas. Déjame llevarte de vuelta a Mansión Jardín Escénico primero.

Sonriendo a través de sus lágrimas, Cristina dijo:

—Está bien.

En su camino de regreso a Mansión Jardín Escénico, Cristina comenzó a sentirse somnolienta de nuevo.

De repente, un automóvil se desvió del carril derecho para estrellarse contra ellos.

Apretando los dientes, Sebastián giró el volante. Los dos autos evitaron por poco una colisión. El Maybach se salió de la carretera antes de detenerse de manera abrupta en la acera.

El otro auto, sin embargo, no tuvo tanta suerte. Se estrelló contra una tienda cercana después de chocar con una barricada.

A lo largo de la mala experiencia, Natán protegió a Cristina en sus brazos. Sin embargo, la inercia provocada por el frenazo brusco había provocado que su barriga chocara con el abdomen de él.

Cristina hizo una mueca de dolor y su rostro se puso pálido. Se apoyó en el pecho de Natán y le agarró el cuello con ambas manos.

La expresión de Natán cambió cuando preguntó preocupado:

—Cristina, ¿dónde te duele?

Agarrándose la barriga, Cristina respiró hondo y esbozó una sonrisa forzada.

—No es nada. Por accidente me golpeé la barriga. Ahora no duele tanto.

Natán insistió con severidad:

—¡Te llevaré al hospital!

La reacción inmediata de Sebastián al bajarse del auto fue ver cómo estaban ambos. Cuando escuchó a Cristina mencionar que le dolía la barriga, se preocupó.

—Señor y señora Herrera, llamaré a una ambulancia de inmediato.

Natán sacó a Cristina del auto, quien miró a Sebastián y le aseguró:

—Estoy muy bien. No te preocupes. Después de regresar a Mansión Jardín Escénico, tan solo haz que el médico de familia realice un chequeo. Primero deberíamos ocuparnos de este accidente.

Mientras hablaba, miró de fijo a Nicandro, que se acercaba a grandes zancadas. Con el rostro ensangrentado, corrió hacia Cristina. Justo cuando estaba a punto de alcanzarla, Sebastián le bloqueó el paso.

—¡Cristina, p*rra desalmada! ¡Andrea es tu prima! ¿Cómo te atreves a extorsionar ocho millones de tu propio familiar? ¡Pagarás por esto!

Atraídos por el espectáculo, los transeúntes se agolparon a su alrededor e incluso comenzaron a filmarlos.

Nicandro, que siempre había sido tan consciente de su imagen, se aferraba a Cristina como un loco. Lo hacía a propósito. Su objetivo era causar de manera intencional un accidente y crear problemas para Cristina en público.

Como no sabía cómo tratar con ella, la presionaba desatando el poder de la opinión pública contra ella. Una vez que la situación se intensificara, no solo empañaría la reputación de la familia Herrera, sino que también dejaría a Cristina sin más remedio que liberar a Andrea. Para ocultar este escándalo, la familia Herrera incluso lo indemnizaría con una gran suma de dinero.

—¿Qué tiene de bueno un anciano calvo como Nicandro? ¿Qué te gusta de él? ¿Por qué te sometes de manera voluntaria a él?

Victoria se quedó por un momento aturdida. Cuando se dio cuenta de lo que estaba hablando, su ira aumentó.

«¡Sebastián, ese imbécil! ¿Está sospechando que hay algo entre Nicandro y yo? Mi gusto por los hombres no es tan excéntrico, ¿de acuerdo? ¡Nicandro no me merece!».

Sin embargo, cuando notó la furia de Sebastián, deprisa recuperó la compostura. Levantando la barbilla de manera juguetona, bromeó:

—¿Estás celoso?

Sebastián apartó deprisa su mano de un manotazo.

—Debes cortar los lazos con Nicandro. Es un hombre manipulador con una ética cuestionable. Como ya ha cruzado los límites del señor Herrera, no se librará tan fácil.

Victoria sonrió de alegría, apenas capaz de reprimir sus ganas de abrazar a Sebastián y darle un beso profundo. Sin embargo, se contuvo. Ella debía aprovechar esta rara oportunidad y hacer que él revelara sus pensamientos más íntimos.

—No puedo hacer eso. Si rompo con él, perderé a un novio rico. ¿Me compensarás por mi pérdida?

—¡No necesitas dinero dados tus antecedentes familiares! También tienes otros pretendientes. ¿Por qué tienes que limitarte a estar con ese loco sin remedio?

De repente, Victoria agarró a Sebastián por los hombros y lo apretó contra la puerta del auto. De puntillas, ella lo vio con una mirada sugestiva.

—Dijiste que tengo otros pretendientes. ¿Te gusto, entonces?

Fue entonces cuando Sebastián se dio cuenta de que, sin saberlo, había cavado su propia tumba. Su expresión de ira dio paso a una mirada de vergüenza de forma gradual. La mirada apasionada de Victoria lo dejó bastante nervioso.

—Yo…

Victoria se sintió frustrada. Actuando con decisión, colocó sus manos sobre los hombros de Sebastián y besó sus labios de manera dominante. Antes de alejarse, incluso le mordió los labios.

—¡Qué tonto eres, Sebastián! ¿Por qué demonios me gusta un imbécil inconsciente como tú?

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¿Mi esposo es mi amante secreto?