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¿Mi esposo es mi amante secreto? romance Capítulo 593

Sebastián sintió como si le hubiera caído un rayo. Incluso su cuerpo se había endurecido. Su conciencia todavía estaba inmersa en su apasionado beso anterior.

«¡En efecto, la entendí mal!».

Las acciones de Victoria fueron muy directas. Independiente de lo tonto que fuera Sebastián, no había forma de que siguiera siendo inconsciente. Se dio cuenta de que el novio al que se refería era él, no Nicandro.

Al notar el estado de aturdimiento de Sebastián, Victoria entrecerró los ojos de manera peligrosa. Ella le tocó la mejilla y le exigió en tono amenazante:

—Oye, ya hemos compartido un beso. No solo estás buscando una emoción barata sin asumir la responsabilidad, ¿verdad?

Poco a poco, los ojos de Sebastián recuperaron su enfoque. Se sintió como si se hubiera ahogado en lava abrasadora. Incluso sus mejillas y su aliento se sentían cálidos.

—¿Hablas en serio?

Con una mano alrededor de su cuello, agarró su corbata con la otra y tiró de él más cerca.

—¿Necesitas verificarlo de nuevo?

Sebastián miró su hermoso rostro, que estaba a solo unos centímetros de distancia y podía oler su dulce aliento. Mientras miraba sus labios rojos, una mirada oscura cruzó sus ojos y apretó sus labios contra los de ella.

Sin embargo, fue un picoteo muy ligero.

Sebastián agarró con habilidad las llaves del auto de sus dedos y dijo en voz baja:

—No necesito más verificaciones. Ya te he dado mi respuesta.

Victoria se quedó inmóvil. Su corazón rebosaba de alegría.

«¡Maldito! ¡Sebastián está tan sexy cuando toma la iniciativa!».

Le encantaba esta sensación emocionante y electrizante.

Sebastián abrió la puerta del auto y se sentó en el asiento del conductor. Una sonrisa juguetona se extendió por sus labios mientras miraba a Victoria.

—¿No vas a entrar?

—¡Voy a entrar de inmediato!

Victoria, todavía atrapada en un estado de desconcierto, abrió deprisa la puerta trasera. Al darse cuenta de su error, cerró y se fue al frente. Abrió la puerta del asiento del copiloto y se subió al auto. Aun así, estaba tan nerviosa, que sus extremidades se sentían fuera de lugar.

«¡Tsk! ¿Qué pasó con su audacia desde que me besó?».

Sebastián se quejó en secreto mientras se inclinaba y le abrochaba el cinturón de seguridad.

También llevó a Victoria a Mansión Jardín Escénico. Cuando ella vio el entorno familiar, su ánimo se elevó. Abrió la puerta del auto y entró corriendo en la mansión. Abrazando a Cristina, que acababa de bajar las escaleras, le gritó a Natán:

—¡Voy a pedir prestada a su esposa por un tiempo, señor Herrera!

Antes de que nadie pudiera reaccionar, Victoria agarró con firmeza la mano de Cristina y la arrastró hasta el patio trasero.

—¡Cristina, por fin tengo novio!

Cristina levantó una ceja y preguntó:

—¿Eh? ¿Te diste por vencida con el señor Torres y encontraste a alguien nuevo?

—Cristina, ¿crees que soy una mujer que tontearía con cualquier hombre? —protestó Victoria con tristeza—. Soy una mujer muy leal, ¿de acuerdo?

Cristina preguntó sorprendida:

—¿Lograste ganarte el corazón del señor Torres?

Victoria respondió con orgullo:

—¡Por supuesto! Solía pensar que era solo un amor unilateral. Resulta que tenemos sentimientos el uno por el otro. Sebastián lo escondió bastante bien. Si no le hubiera jugado algunos trucos para provocarlo hoy, no me habría dicho que le gusto.

Nunca antes había puesto sus ojos tan fijos en alguien. Habiendo pensado en todas sus opciones, lo molestaría sin cesar, incluso si todavía no estaba dispuesto a aceptarla. No había forma de que Sebastián pudiera casarse con otra mujer.

No había nada que Victoria no pudiera conseguir.

Sonriendo, Cristina dijo:

—¡Felicitaciones! Tu deseo se hizo realidad.

Victoria se echó a reír. Colocó un brazo sobre el hombro de Cristina y dijo:

—Como dice el refrán, golpea mientras el hierro está caliente. Después de arreglar todo con Nicandro, deberías pedirle al señor Herrera que le dé a Sebastián unas largas vacaciones. Así pasaré más tiempo con él y profundizaré nuestra relación.

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