Serena ya estaba a punto de quedarse dormida, pero al escuchar los pasos, giró la cabeza de golpe hacia Dorian.
Amelia le dio unas palmaditas suaves en el hombro.
La niña volvió a acomodarse y, arrullada por la voz suave y pausada de Amelia, pronto cayó profundamente dormida.
Temiendo despertarla, Dorian caminó con sigilo para tomar su celular de la mesa de noche. Vio que Lorenzo le había enviado un mensaje preguntando qué significaba que él hubiera aceptado el nuevo plan en nombre de Amelia.
Desde que Dorian tomó la decisión en casa de la familia Sabín, Lorenzo no había encontrado oportunidad para hablar con él.
Dorian respondió rápido: [Ya que ustedes tienen dudas, no se molesten. Yo me haré cargo del proyecto. Ven mañana a mi oficina para firmar el traspaso del contrato].
No esperaba que, apenas enviado el mensaje, Lorenzo llamara de inmediato.
Amelia miró instintivamente a Dorian.
Él no quería que ella notara nada extraño, así que contestó con naturalidad:
—Ya es tarde, piénsalo y mañana hablamos.
Y colgó.
—¿Quién era? —preguntó Amelia.
—Lorenzo —dijo Dorian, mirándola—. Estaba pensando que, ya que a la abuela le gusta tanto este proyecto, ¿por qué no construimos la hacienda a tu nombre y se la regalamos? Así la abuela estará feliz. Además, el Grupo Esencia tiene un equipo de construcción con mucha experiencia. Si tenemos el control, podemos manejar mejor los tiempos y terminar antes.
Los ojos de Amelia se iluminaron, pero enseguida dudó.
—Gastas demasiado —dijo—. Ese proyecto no está en la planeación de la empresa, no hay necesidad de gastar extra. Además, la cosa no está fácil con el consejo directivo.
—Es solo una inversión inicial —replicó Dorian—. Soy un hombre de negocios, no voy a hacer algo que me dé pérdidas. En el futuro, ya sea como finca privada o vinculada al resort de estilo tradicional para formar un complejo turístico, tiene muy buena proyección.
Amelia pareció un poco convencida.
—¿Y la familia Sabín estará de acuerdo?
Dorian agitó el celular.
—Por eso les dije que lo consideraran.
Amelia asintió.
—Está bien. Pero si ellos prefieren mantener el control, deja que lo hagan. Al fin y al cabo es su proyecto. No tienes por qué cargar con esa presión por mí; si la rentabilidad no es clara, el consejo directivo no lo aprobará.
Dorian dejó el celular y caminó hacia ella.
—No pasaré por el consejo. Lo financiaré yo personalmente.
—No, eso es un gasto excesivo para ti —rechazó Amelia sin pensarlo—. Esto es algo que los Sabín deberían hacer. Yo, como pariente de sangre, pongo el diseño y ellos el dinero. Es lo justo. No tienes que echarte esto al hombro por mí.
—Pero quiero hacerlo —dijo Dorian, deteniéndose frente a ella—. Amelia, no voy a financiarlo para regalárselo a los Sabín, sino para ponerlo a tu nombre. Tómalo como una compensación por el pasado.


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