Julián apretó los labios.
—Se lo tenía bien merecido.
Los oscuros ojos de Dorian estudiaron la expresión de Julián con detenimiento.
En su rostro no había rastro de resentimiento ni rencor; lucía completamente tranquilo.
—Hace tiempo, Otto sí me buscó para sacarme información sobre Amelia —le confesó Julián a Alejandro sin titubear—. Quién sabe cómo se enteró de que Grupo Terrén planeaba asociarse con la empresa de Rufino y quería meterse en medio. Yo rechacé su propuesta enseguida y nunca le dije dónde andaba ella. Fue pura casualidad que se la encontrara cuando fue a buscarme al hotel. Como después usted mandó seguridad para cuidar de ella, jamás se le pudo volver a acercar.
»Aunque compartimos la misma sangre, él se perdió cuando yo apenas tenía tres años. No me acuerdo de nada de él, y de cariño, menos —prosiguió Julián viendo directo a Alejandro—. Si le seguí el juego fue por la obsesión de mis papás con encontrar al hijo perdido. Solo quería confirmar si de verdad era él y tratar de convencerlo de que fuera a verlos. Pero jamás iría en contra de mis principios ni de la ley nada más por ser su hermano, y mucho menos lo usaría de pretexto para traicionar a la empresa o a usted.
—¿Y él reconoció el parentesco? —le preguntó Alejandro, con un semblante tan neutro que no dejaba adivinar si estaba a gusto o enojado.
Julián negó con la cabeza.
—No lo va a hacer. Nada más saca la carta de ser hermanos cuando necesita algún favor para intentar ganarme. Y pues, no soy tonto; cosas así a cualquiera lo terminan decepcionando. Mis papás no están en la ciudad, así que voy al hospital a despedirme de él en su nombre... aunque a ver si siquiera logra sobrevivir el día.
—Ve —asintió Alejandro.
—Gracias, señor Terrén —agradeció Julián en voz baja, aunque parecía dudar, como si todavía quisiera agregar algo.
Como si supiera qué rondaba por su cabeza, Alejandro lo volteó a ver:
—Confío en ti —y luego continuó—: Otto y Fabiana Samper andaban huyendo de la policía tras organizar el intento de homicidio contra Amelia. Anoche, por intentar fugarse del país para evadir la justicia, él cometió el error de encender unos químicos peligrosos en el almacén, lo que provocó la explosión que lo dejó con esas quemaduras. Todo fue culpa suya; no hay ningún otro responsable.
—Ya veo; me encargaré de explicárselo a mis papás —aseguró Julián. Se despidió de Dorian y Amelia, dio media vuelta y salió.
En cuanto la puerta se cerró, Alejandro dirigió la mirada hacia Dorian.
—Julián lleva años trabajando conmigo.
No aclaró si le creía por completo o no.



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