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Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio romance Capítulo 89

Con Leonardo presente, la recolección de pruebas y el proceso fueron veloces.

El video del pasillo estaba intacto. Citaron a Felicia.

Cristian la acompañó, y se sorprendió al encontrarse con Leonardo.

—¿Qué hace aquí el señor Rojas?

—Trabajos extra. —Leonardo miró a Felicia—. ¿Tú eres Felicia?

Felicia miró a Cristian con miedo.

—Solo es para corroborar unas declaraciones, señorita Vega, no se preocupe.

Una oficial se llevó a Felicia para tomarle declaración y consiguió el video que ella había grabado. El video mostraba todo con claridad.

Primero, el gerente insultando y corriendo a los clientes a mitad de la cena. Luego, sus empleados atacando primero y dislocándole el brazo a María.

María gritaba de dolor y el mesero no la soltaba. Fue entonces cuando Nerea intervino.

Leonardo pausó el video y miró al jefe de policía.

—Esto califica como defensa de terceros y combate a la delincuencia, ¿no?

El jefe forzó una sonrisa.

—Sí... supongo que sí.

Leonardo siguió reproduciendo.

En el segundo altercado, la gente del gerente volvió a atacar primero. Nerea solo respondió.

Leonardo pausó de nuevo.

—Esto es defensa propia, ¿cierto?

—...Cierto.

Leonardo siguió viendo. Cuanto más veía, más se sorprendía.

Creía que Nerea era una gatita indefensa que siempre acababa mal parada y aguantaba todo con resignación.

Al principio del video, pensó que la gatita finalmente había sacado las uñas al verse acorralada.

Pero al verla pelear con esa destreza, se dio cuenta de su error.

No era una gatita indefensa. Era una gata montés, fuerte y letal.

—Se ve bastante bien peleando.

El jefe vio la sonrisa de Leonardo y entendió todo.

Venía por la mujer.

Afuera, en el estacionamiento, los dos grupos se encontraron.

Felicia, al saber que su propio video había salvado a Nerea, rechinaba los dientes de la rabia. Al verla, su cara se descompuso.

Nerea, en cambio, sonreía.

—Felicia, gracias por grabar el video. Me hiciste el paro.

Para Felicia, esa sonrisa fue como una cachetada con guante blanco. Humillante.

—Nerea, no cantes victoria.

—¿Por qué no? ¿Tengo palancas arriba?

—No, gracias.

Leonardo asintió y se fue.

Cristian retiró la mirada pensativo. Entendió la advertencia de Leonardo. Alguien en la familia Rojas estaba enfermo y Nerea era su médico.

Cristian ignoró a Nerea y le dijo a Felicia:

—Vámonos.

Samuel no sabía que Cristian estaba detrás de todo esto hasta que vio a Felicia en la delegación.

Un restaurante de lujo no corre clientes así nada más.

Al ver la actitud de Cristian, sintió una furia inmensa. Iba a reclamarle, pero David lo detuvo.

—Mira dónde estamos. No hagas líos. Hablamos en la casa.

Nerea le palmeó el hombro.

—Luego vemos eso.

Samuel pidió al chofer que llevara a los colegas. Nerea se fue con Emilia.

En el auto en penumbra, Leonardo le pasó una tarjeta personal a Federico.

—Estaré un buen tiempo en Puerto San Martín. Si necesita algo, llámeme, señor Castañeda.

Federico tomó la tarjeta.

—Gracias. Dime Federico.

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