—¡Perdóname, Nerea! Lo que pasó en el hospital cuando intenté golpearte, y lo de drogarte en el club... estuve mal, fui un imbécil. Fui estúpido, ciego y tonto, merecía que me engañaran. Iré a la comisaría a entregarme y asumiré las consecuencias. ¡Lo siento!
Diego volvió a inclinar la cabeza hasta el suelo ante Nerea.
—Esto es para agradecerte. Gracias por ayudarme a ver la verdadera cara de Isabel. Gracias por no guardar rencor y ayudar a mi abuelo con su tratamiento. ¡Gracias!
Al terminar, Diego se giró nuevamente hacia sus padres, se postró en el suelo y sollozó:
—Papá, mamá, los he avergonzado. No merezco ser un Zamora. Me iré ahora mismo. Cuídense mucho y no se preocupen por mí.
Diego se levantó y, con la frente sangrando de forma alarmante por los golpes contra el suelo, salió a grandes zancadas de la mansión. Los esposos Zamora sabían que había sufrido un golpe emocional terrible, así que no lo forzaron a quedarse. Solo hicieron una seña a los guardaespaldas para que lo siguieran y evitaran que cometiera una locura.
Después de que Diego se fue, el mayordomo informó que Isabel ya había sido capturada y encerrada en el sótano, y preguntó cómo proceder.
La señora Zamora miró a Nerea.
—Nerea, ¿cómo quieres que lo manejemos? Haremos lo que tú digas.
—¿Eh?
Nerea estaba sorprendida, un poco aturdida por la rapidez de los acontecimientos. ¿Tan rápido habían atrapado a Isabel? Sabía que al ofender a los Zamora, Isabel no saldría indemne de Valparaíso, pero no esperaba esa eficiencia. Los Zamora eran, sin duda, la familia más poderosa de la región; esa velocidad y esos medios imponían respeto.
La señora Zamora pensó que Nerea estaba asustada y explicó:
—Una persona podrida como Isabel, que me desea la muerte, juega con mi hijo y destruye tu matrimonio... si la dejamos vivir tranquila, quién sabe a cuántas personas más hará daño. Estamos haciendo un servicio a la comunidad, limpiando la basura.
El mayordomo asintió y añadió profesionalmente:
—La señorita Galarza no debe preocuparse por verse implicada. Todos vieron cómo echaron a Isabel de la propiedad. Si ella desaparece después por su cuenta, no tiene nada que ver con la familia Zamora. No hay cámaras en los alrededores que hayan captado nada, así que no nos rastrearán. Además, esto es Valparaíso, no Puerto San Martín. Así que la señorita Galarza puede hacer lo que guste; el sótano ya está preparado con todo tipo de herramientas.

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