Entrar Via

Mi Identidad Secreta: De Despreciada a Consentida romance Capítulo 187

De repente, Patricio sintió un pinchazo leve pero agudo en el codo.

Era como si una aguja fina le perforara la piel, una sensación extraña.

Al recordar las palabras de Carolina, lo entendió todo al instante.

«¡Carolina me está poniendo una inyección!».

«¡Y es para mantenerme en coma!».

La revelación lo golpeó como un rayo, dejándolo en un estado de shock absoluto.

No podía creer lo que estaba pasando. Carolina, esa hermana inocente que siempre dependía de él, ¡¿cómo podía hacer algo tan cruel?! ¡¿Cómo podía no querer que despertara?!

Una oleada de traición y dolor lo inundó, como si miles de agujas le atravesaran el corazón, un sufrimiento insoportable.

«¿Cómo ha podido pasar esto?…».

Quería levantarse, enfrentarla, exigirle una explicación a la hermana que tanto había querido. Pero por más que luchaba, su cuerpo no respondía, como si estuviera paralizado. Solo podía yacer ahí, inmóvil, escuchando los sonidos del mundo exterior.

Cuando Carolina terminó, se recostó en la silla, agotada, y soltó un largo suspiro de alivio.

Así estaba mejor.

Mientras Patricio no despertara, nadie descubriría las cosas sucias que había hecho.

Después de un rato, marcó un número. Quizás porque estaba tan segura de que Patricio no despertaría, puso el altavoz y dejó el celular sobre la mesita de noche.

—Asegúrate de deshacerte del tipo que me estaba investigando.

La mente de Patricio se agitó de nuevo. «¿Con quién está hablando?».

Su voz sonaba completamente diferente a como hablaba en casa, llena de arrogancia y desprecio.

Al otro lado de la línea, se escuchó la voz aduladora de un hombre de mediana edad.

—Hija, no te preocupes. La gente que contraté esta vez no fallará. Te aseguro que ese investigador no volverá a casa para amenazarte.

—¡Te he dicho que no me llames hija!

Poco después, tres pequeñas serpientes asomaron la cabeza desde un rincón detrás del armario, entrando en el campo de visión de la cámara.

—Esta noche no podré volver. Tendrán que buscarse la cena ustedes mismos.

Negrito y Blanquito asintieron.

Solo Verdín se quedó quieto. Miró a Negrito y Blanquito y movió la cola, haciéndoles señas.

Doris no pudo evitar sonreír. Estaba claro que Verdín quería quedarse de flojo en el cuarto, esperando que Negrito y Blanquito le trajeran comida.

Negrito y Blanquito pusieron los ojos en blanco y se deslizaron hacia la ventana.

Tras apagar la cámara, Doris recibió un mensaje de Germán.

[Lo he pensado bien. No importa que no quieras tener hijos. Todavía puedo casarme contigo. No tienes que dármelos tú, buscaré a alguien que me los dé. Pero el título de esposa solo te lo daré a ti, las demás no lo merecen.]

***

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi Identidad Secreta: De Despreciada a Consentida