Doris sintió un impulso irrefrenable de responderle.
[Germán, ¿estás tan contento de haber vuelto a la alta sociedad que se te aflojó un tornillo?]
La respuesta de Germán no tardó en llegar.
[¿Te estás preocupando por mi salud? ¡Qué alegría!]
Doris se frotó la frente.
[¿Por qué insistes tanto conmigo?]
Germán respondió:
[Porque me salvaste, y porque no me despreciaste cuando no tenía nada. Ahora que soy un heredero, nunca encontraré a una mujer como tú, a la que no le importe el dinero.]
La razón por la que a Doris no le importaba el dinero era porque nunca le había faltado.
Y en cuanto a salvarlo, habría ayudado hasta a un perro moribundo en la calle por pura ética profesional.
Doris le envió un último mensaje:
[Germán, si en tu lugar hubiera habido un perro herido, también lo habría salvado. No tiene nada que ver contigo. Ya hiciste suficiente para agradecerme, no sientas que me debes nada.]
Después de enviar el mensaje, dejó el celular y se dispuso a dormir, ignorando a Germán por completo.
***
Doris durmió profundamente toda la noche.
Al despertar, vio el último mensaje que Germán le había enviado.
[¡No me rendiré! El heredero de la familia Villar con el que te vas a casar es un lisiado que ni siquiera puede cumplir como hombre. ¡No dejaré que te cases con él para quedarte como una viuda en vida!]
«¡Qué tipo tan loco!».
Poco después, su flamante y guapa madre y su apuesto nuevo padre llegaron con el desayuno.

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