Al ver la preocupación en los ojos de su madre, Doris sonrió radiante y respondió con total tranquilidad:
—No tengo nada que ver. Yo no maté a Diego.
Al escucharla negarlo con tanta naturalidad, Tatiana suspiró aliviada.
Aunque sabía que en la alta sociedad pasaban cosas turbias, no quería que Doris se convirtiera en alguien que despreciara la vida humana.
Pensaba que Diego merecía morir, pero no quería que fuera Doris quien lo hubiera hecho.
Si hubiera sido ella, los Carrasco y Xavier usarían eso para destruirla.
Faltaban tres días para el cumpleaños de Doris, y Tatiana no quería imaginarse a la policía llevándose a su hija en plena fiesta.
—Mamá, tranquila. Diego y yo no teníamos una enemistad a muerte, ¿para qué iba a matarlo? —insistió Doris.
—¿Y a qué fuiste anoche a La Candela a buscarlo? —preguntó Tatiana—. Dicen que después de que te fuiste, él quedó con la cabeza rota.
—Son chismes que inventó Damián para manchar mi nombre. ¿Acaso hay pruebas en internet de que yo le hice eso?
Tatiana pensó que tenía razón. Sin pruebas y en territorio de Damián, la verdad era lo que Damián dijera.
—Me alegro. Pensaba que si tenías algo que ver, tu papá y yo tendríamos que mover cielo y tierra para protegerte.
—Tu madre estuvo preocupada todo el día, quería llamarte pero no quería interrumpir tu trabajo —sonrió Felipe.
—Mamá, perdón por preocuparte. —Doris le sirvió una costilla en adobo—. No me va a pasar nada. Por ustedes, siempre me mido y actúo con cuidado.
Esta vez Tatiana no replicó.
—Está bien... Doris, no me culpes por ser egoísta, pero no puedo vivir sin ti. Así que si vas a hacer algo peligroso, piensa en nosotros.
Doris estacionó en el garaje y, al salir del elevador, vio a Jael haciendo guardia.
—¡Señorita Palma!
Jael le bloqueó el paso, nervioso.
—¡Problemas, señorita Palma! ¡La mamá de Diego está aquí! ¡La está esperando en la sala de recepción!
—Pues que espere, ¿por qué tanto nervio? —dijo Doris.
Jael tragó saliva.
—Es que no le ha visto la cara, parece que se la quiere comer viva.
—Jé, ¿ah sí? Me interesa ver eso. —Doris apartó a Jael—. ¿Ya hiciste lo que te pedí?

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