Las palabras de Doris aterrorizaron a Lina.
Era verdad.
Desde que conoció a Xavier, ella había sido la mujer perfecta, la "mosquita muerta". Él nunca sospechó.
Para Xavier, ella era pura devoción. Se interpuso en una puñalada por él.
La confianza de Xavier era más bien arrogancia; jamás pensó que una mujer que daría la vida por él pudiera ponerle el cuerno y embarazarse de otro.
Lina había ganado esa apuesta... hasta ahora.
Doris sonrió con malicia.
—Te ves muy asustada. ¿Qué pasa? ¿Acaso tu hijo no era de Xavier?
—¡¿Qué demonios hiciste?! —Lina estaba al borde del colapso.
Doris se encogió de hombros.
—Yo no hice nada. ¿No viste las noticias antes de venir? Se filtró un video de la cámara del coche. En la escena del accidente, tu mayordomo, Donato, abrazaba el cadáver de tu hijo llorando como una magdalena, con un dolor tan profundo que ni Xavier lloró así.
Lina se quedó helada.
»Ver cómo les llega el karma me da mucho gusto.
»Ah, y si hubieran incinerado a tu hijo ayer, no habría prueba de ADN. Pero como te pusiste necia con la "investigación" y detuviste a tu esposo, bueno... te disparaste en el pie.
Doris fingió lástima.
—Qué pena. Estaban a punto de asegurar una vida de lujos y tu hijo se muere.
»Dime, si los huesos de tu hijo hubieran sido más duros, ¿crees que se habría salvado?
Lina perdió la cabeza. Se lanzó a abofetear a Doris, pero antes de llegar, recibió una patada brutal en el estómago.

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