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Mi Identidad Secreta: De Despreciada a Consentida romance Capítulo 839

Las asquerosidades que gritaba Augusto no provocaron gran reacción en Doris.

Sin embargo, Paola, que estaba detrás de ella, se puso pálida de golpe.

—¡Doris! —Al escuchar la puerta, Augusto miró hacia afuera con los ojos llenos de ira y un pánico mal disimulado—. ¡Suéltame! ¡Si me sueltas ahorita todavía tienes chance! ¡Puedo decirle a Dami que te perdone!

Doris entró y notó que Paola no la seguía. Volteó y vio lo mal que se veía.

Paola estaba clavada en el sitio, inmóvil, blanca como el papel, como si hubiera visto algo aterrador.

Doris le dijo suavemente: —Entra.

Pero Paola parecía no escuchar, seguía ahí parada sin reaccionar.

Doris, un poco exasperada, alzó la voz: —¿No dijiste que harías lo que yo te dijera?

Eso pareció funcionar. Paola reaccionó, dudó un segundo y empezó a caminar despacio hacia Doris.

En eso, Augusto volvió a gritar: —Doris, ¿me escuchaste o qué? ¡Suéltame ya!

Su voz sonaba cada vez más desesperada, casi histérica.

Pero Doris lo ignoró por completo, su atención estaba en Paola. Cuando llegó a su lado, se volvió hacia Sombra y ordenó: —Dame algo para no ensuciarme las manos.

—Claro. —Sombra salió y regresó enseguida con un bate de béisbol—. Jefa, tenga.

Doris tomó el bate y caminó directo hacia Augusto.

Al ver el bate, Augusto entró en pánico y retrocedió paso a paso. —Doris, si te atreves a tocarme, ya no habrá vuelta atrás... ¡Ah!

Antes de que terminara, Doris le soltó un batazo en la boca que no paraba de hablar.

Capítulo 839 1

Capítulo 839 2

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