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¡Mi jefe quiere una esposa! romance Capítulo 4

Los clubes no eran lo mío, mucho menos los clubes en los que se celebraba una noche de máscaras. Este sitio estaba a reventar de gente, alcohol y mi incomodidad por llevar en la cara este antifaz barato de plástico. Estoy sentada sola en la barra.

—¿No la estás pasando genial? — habla Martina con un trago en la mano, ha regresado de bailar con un hombre.

—No mucho… pensé que iríamos a un sitio más calmado — tengo que gritar para que me escuche por encima de la música.

—Nos tocó casa llena, si tomases un trago te soltarías más Vivienne.

—Tengo que ir a trabajar mañana a primera hora. No puedo beber, mejor será que me vaya, pediré un taxi — reflexiono y me despido de mi amiga, que lo entiende.

Intento caminar entre el mar de personas bailando, pero se me complica, no me dejan pasar y empujan tanto que desisto de andar por donde llegué. En la oscuridad me desvió a un pasillo que está solo.

Al llegar puedo volver a respirar, y a quitarme la tonta máscara de plástico que me raspaba la frente. Sigo la señal de salida de emergencia, pero unos ruidos extraños a un lado llaman mi atención.

—¡No sé nada! — clama en desespero un hombre — ¡Piedad!

Me asomo a una bodega con la puerta abierta donde veo una escena terrible. Al hombre que pedía piedad siendo golpeado por dos hombres con apariencia de matones. El tipo en el suelo está cubierto de sangre, también maniatado.

Aparte de ellos tres, hay uno sentado en una silla con aires de superioridad, es el que da órdenes. También otro de gran altura fumando un cigarrillo recostado de una de las mesas con suplementos del club. Este último, me recuerda a alguien que conozco. Es el único que lleva un antifaz con cuernos de demonio de todos los presentes.

—Mátalo — ordena el de la silla.

Quiero que mi cuerpo se mueva, pero no se mueve en medio de la conmoción. El del matón con la pistola si lo hace, sin importar los gritos de terror del hombre en el suelo, éste le dispara en la parte posterior de la cabeza.

—¡Agh! — se me escapa por el shock.

Cometo un gravísimo error, la oscuridad del pasillo no me protege lo suficiente.

—¿Quién anda allí? ¡Tráiganmelo! — grita el jefe a sus hombres.

Mi cuerpo reacciona finalmente y empiezo a correr por mi vida a través de los pasillos interminables del club. Por instinto, vuelvo a ponerme la máscara, mientras siento que me persiguen. Esto parece un laberinto, esto parece el infierno.

Capítulo 4: Laberinto infernal 1

Capítulo 4: Laberinto infernal 2

Capítulo 4: Laberinto infernal 3

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