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¿Mi nuevo jefe es un Vizconde y el padre de mi hijo? romance Capítulo 6

Matteo dio un paso adelante, frunciendo el ceño con incredulidad mientras observaba la fijación de su jefe con la pantalla.

—¿Está seguro, señor? Florencia está llena de mujeres hermosas y esa noche el callejón estaba oscuro. Podría estar confundiéndose de rostro.

—Claro que estoy seguro —cortó Stefano, con una seguridad implacable que no admitía réplicas—. La reconocería a kilómetros, Matteo. Sé perfectamente cómo son sus ojos, su piel... y cómo me miraba.

Sin apartar la vista de la fotografía, Stefano abrió el cajón superior de su escritorio de caoba con un movimiento seco. Introdujo los dedos y sacó el fino pendiente de diamantes y oro blanco que Emily había dejado olvidado en la suite del hotel. Lo dejó caer sobre la mesa, justo al lado de la tableta. El destello de las piedras preciosas en la pantalla coincidía a la perfección con la joya real.

Matteo observó el pendiente y luego la imagen, quedándose en silencio por unos segundos mientras unía las piezas del rompecabezas. Su expresión se tornó seria y desconfiada.

—Qué raro, señor vizconde... —comentó el consejero, cruzándose de brazos—. ¿Por qué la esposa de nuestro mayor rival comercial arriesgaría su vida para rescatarlo? ¿Por qué lo sedujo de esa manera y lo arrastró a un hotel? ¿No cree que todo esto sea una trampa del grupo Cross para conseguir información o chantajearlo?

Las palabras de Matteo cayeron como un golpe directo al orgullo del aristócrata. Stefano clavó sus intensos ojos azules en la imagen de Emily. La idea de haber sido utilizado como una marioneta en un juego corporativo le revolvió las entrañas. Sintió una punzada amarga en el pecho, una mezcla de rabia y desilusión que nubló la fascinación que había arrastrado durante las últimas cuatro semanas.

—Y yo como un idiota sin poder sacármela de la cabeza... —siseó Stefano, con la voz cargada de desprecio—. Mientras ella regresaba muy tranquila al lado de su esposo.

Estiró la mano, tomó el pendiente con brusquedad y cerró el puño, apretando los diamantes contra su palma con tanta fuerza que los bordes afilados se le clavaron en la piel. La decepción se transformó rápidamente en una fría hostilidad. Si la esposa de Carter Cross pretendía jugar con él, se había equivocado de hombre.

—Quiero que vigilen a esa mujer, las veinticuatro horas, debo estar preparado para un ataque.

—Enseguida señor.

****

Gina se había reunido con Carter a primera hora en la empresa, lo miró con los ojos entrecerrados, llena de impaciencia.

—No podemos perder más tiempo, ese bebé es un obstáculo. Pero conociendo a Emily, no va a permitir que nada malo le pase a su criatura. Es demasiado débil.

—¿Qué pretendes hacer? —preguntó Carter, acomodándose la chaqueta con un nerviosismo evidente.

—Ven conmigo. Trae los documentos. Es ahora o nunca —sentenció ella, tirando de su brazo.

En el apartamento, Emily terminó de cerrar el equipaje. Le temblaban las manos. Aunque había descubierto la verdad en el jardín, romper un matrimonio de dos años dolía en lo más profundo de su ser; a pesar de todo, ella había amado a Carter Cross, y la decepción le abría una herida sangrienta en el pecho.

Caminó hacia el vestíbulo dispuesta a marcharse para siempre, pero justo cuando iba a abrir la puerta principal, la cerradura giró desde el exterior. Gina y Carter entraron al recibidor, bloqueándole el paso.

Carter clavó la mirada en la maleta.

—¿A dónde crees que vas con eso?

—¿Pensabas huir, Em? —intervino Gina, con una sonrisa ladeada, fría y calculadora.

Emily dio un paso atrás, con el corazón desbocado, obligándose a sostener la respiración.

—Déjenme pasar —pidió, tratando de que su voz no delatara el pánico—. No tengo nada que hablar con ustedes.

—Sabemos que ese bebé no es de Carter —soltó Gina sin una pizca de empatía.

Cap. 6: ¿Crees que puedes irte? 1

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Cap. 6: ¿Crees que puedes irte? 3

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