Terminé de ver el casting. Adrián, siempre con una sonrisa triunfante; él estaba muy equivocado si pensaba que iba a quedarse en mi empresa. Desde lo sucedido en la fiesta, me encargué de que hicieran una investigación; suena infantil, lo sé. Incluso a la semana me dieron el informe; creí que era algo inútil, que no debía darle importancia a ese inútil, pero había algo interesante en ese reporte e iba a utilizarlo.
Mientras que mi madre y su equipo decidían las nuevas propuestas, me colé y fui en busca de Adrian, hasta que lo encontré. —¿Qué te crees, imbécil? —reclamé.
—Pero, si es la gorda, ¿qué es lo que quieres? ¿Una noche de sexo conmigo? Pues déjame decirte que no estoy tan loco para acostarme con una mujer como tú.
—Yo que tú salía de este lugar en este momento, si no quieres que tu carrera termine en este momento. ¡Nadie y, mucho menos, un imbécil, vendrá a amenazar a mi familia y nuestra empresa!
—¿Lo dices por Dafne? Créeme que ella la pasó muy bien conmigo y, pues, ahora solo estoy cobrando una parte de esa noche de pasión que vivimos juntos.
—¿Qué es lo que dices? —Escuché la voz de Ethan detrás de mí—. ¿Cómo que Dafne se acostó contigo?
—Ethan, fue la noche en el club, tú mejor que nadie conocías las reglas de esa noche — exclamé
—Pero eso no deja de ser interesante —habló Adrián—. Si llevo esas fotos a algún programa de televisión o revista de chismes, su relación perfecta se irá a la basura. Te verás como un estúpido cornudo y no creo que quieras ver eso.
—¡Qué buena idea! —exclamé—. Y juntamente llevaré las fotos de que el famoso modelo Adrian es un maldito adicto, que compra en las esquinas toda clase de droga y la revende. —¿Cómo crees que eso se verá en tu currículum? —El tipo palideció ante mi declaración.
—¡Maldita gorda! Tú no vas a destruir mi carre… —Adrian no terminó de hablar, porque Ethan ya estaba sobre él, dando golpes por toda su cara. Ethan estaba furioso y no paraba; si seguía así, iba a matarlo.
—¡Ethan, detente! —gritaba, mientras que él golpeaba sin sentimiento a Adrian. En un movimiento, los papeles cambiaron y ahora fue Adrian quien lo golpeaba. Como pude, tomé una silla y la lancé hacia su espalda. Él solo se quejó y cayó al suelo, quitándose de encima a Ethan. Este se puso de pie e iba a seguir con los golpes, pero lo detuve: —¡Ya basta, Ethan! —Puse mis manos sobre su pecho, para que no diera un paso hacia Adrian, quien yacía en el suelo.
—¡¿Pero qué pasa aquí?! —mi madre, junto con otras personas, llegó hasta donde nos encontrábamos.
—¡Saquen a este imbécil de aquí! —gritó Ethan. Un par de hombres tomó a Adrian del suelo y lo levantaron para llevárselo.
—Me las van a pagar, ¡malditos! —gritó Adrian
—¡Sáquenlo! —volvió a gritar Ethan—. Lo miré, él también estaba herido, sangre en una esquina de sus labios y en una ceja. Iba a acercarme para ayudarlo, pero mi hermana llegó primero.
—Mi amor, no debiste hacer eso. —Ella tomó el rostro de Ethan, mientras lo observaba con preocupación.
¡Qué tonta era! Era obvio que a ella le correspondía cuidar a su novio.
—¿Alguien puede darme una explicación? —cuestionó mi madre.
—Es solo un maldito —espeté—. Estaba chantajeando a Dafne con unas fotos con tal de quedarse en la empresa.
—¡¿Qué?! ¿Qué clase de fotos? —inquirió y miré hacia Dafne—. ¡Dafne! —exigió mi madre.
—Te lo diré en la casa madre; ahora llevaré a mi novio para sanar sus heridas. —Mi madre estaba furiosa y de seguro lo estaría más cuando ella se enterara de la verdad, pero como las veces anteriores, ella se encargaría de cubrir las metidas de pata de mi hermana. —Mi amor, eres mi héroe, por defender mi honor de esa manera.
Ethan solo suspiró y se llevó a Dafne de ese lugar. Me sentí como una estúpida, ya que en un par de segundos quise correr hacia él y sanar sus heridas. En realidad, no sabía si él había atacado a Adrian por lo que le hizo a Dafne, o por sus palabras en contra de mí.
—¿Y tú qué estás haciendo aquí? —reclamó mi madre—. No se supone que estás en reposo.
—Tenía algunas que arreglar y no podía hacerlo desde la casa.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi peligroso cuñado se enamoró de mí, ¡UNA GORDITA!