ETHAN
Escuché la puerta del auto cerrarse; Génesis se había ido, así que aproveché para calmar a un amigo allá abajo. Si Leyla no llegaba, otra sería la historia. Recordaba mis manos tocando su piel y me encendía nuevamente. Ella tuvo que hacerse un hechizo, alguna poción para tenerme de esa manera.
Ella estaba causando miles de sensaciones; tenía el instinto de cuidarla, protegerla y sobre todo devorarla. Parecía un zorro hambriento, pero solo quería tener entre mis dientes a Génesis.
Horas anteriores me lancé a un imbécil por defenderla, algo que nunca haría por ninguna mujer, pero con ella fue inevitable; no soportaba la idea de que alguien siquiera llegara a tocarle un dedo para dañarla. Miré en dirección hacia su casa; ella estaba con Leyla, quien al parecer se caía de borracha. Entraron a la casa y tomé mi móvil, ya que estaba recibiendo una llamada. Se trataba de Deivyd.
—¿Cómo está todo? —cuestioné.
—Tu hermana ya está en casa, fui a su escuela y arreglé sobre sus inasistencias, pero lo peor de todo fue un par de adolescentes que me golpearon una noche en la puerta de tu casa; esto te saldrá caro, amigo.
—Pronto llegaré a dar una visita a mi hermana. ¡Ah, y lo siento, amigo! Pagaré el hospital si es necesario. —Me burlé.
—No, solo necesito a mi gordita bella como enfermera y estaré sano. —Me llené de coraje por las palabras de mi amigo, porque referirse a Génesis de esa manera, precisamente a sentimientos como estos, era a lo que me refería; ella me hacía sentir cosas tan distintas.
—Ya te dije que te alejes de ella.
—¡Oye, amigo! Tranquilo, solo lo hago para provocarte; no sé por qué, pero tengo la loca idea de que te importa más ella que Dafne. Ni siquiera cuando te hacía comentarios hacia Dafne de esa forma, te ponías a la defensiva.
—Ya te dije que es por mis planes.
—Si, como sea, regresaré mañana y te contaré todo. —Me despedí de mi amigo y entré a la casa.
Subí a la habitación y me encontré con Dafne, con un traje de noche muy sexy, que cualquier hombre caería rendido a sus pies al verla de esa manera, incluso yo. Pero ya ni siquiera Dafne despertaba esos deseos.
—¡Mia Amor! Tengo buenas noticias. —Ahora entendía por qué estaba vestida así; cada vez que ella tenía buenas noticias, me las daba de esa manera, pero en esta ocasión no. Tenía ganas de ella. Mi padre me informó que nos iremos tres días a Nueva York; tengo un desfile importante y nos iremos mis padres y nosotros dos.
—¿Génesis también irá?
—¡Claro que no! A ella no le gustan estos eventos; se quedará a cargo junto a Will, en la empresa; los dos son tal para cual, aburridos de lo peor… Pero no hablemos de ellos, mejor, ven, acompáñame a la cama, quiero darle las gracias a mi héroe por defenderme. —Si en realidad supiera que fue por defender a Génesis, no me importa con quién Dafne había estado esa noche en el club; no era un hombre celoso, al menos no con ella.
—Dafne, esta noche solo quiero darme un baño y dormir. —A pesar de tener tremenda mujer delante de mí, dispuesta a complacerme, no tenía ganas de ella.

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