GENESIS
Sus manos recorrieron cada rincón de mi cuerpo, lugares que ningún otro hombre había explorado, ni siquiera Tómas. Sabía que esto acabaría en cualquier momento de esta manera; cada encuentro con Ethan se había convertido en una tensión sexual. Ni la interrupción de Leyla la noche anterior había apagado el deseo que Ethan me dejó con aquel beso.
Cuando mi padre me contó del viaje, me sentí tan aliviada; creí que estos días alejada de él, aquellas sensaciones sexuales saldrían de mi cuerpo y veinticuatro horas después, los dos estábamos desnudos en mi cama, entregándonos como dos animales feroces. Fue algo tan distinto; tener el poder y doblegarlo era algo nuevo para mí. Era un juego de dominios; ambos queríamos gobernar sobre el cuerpo del otro.
― ¡Ethan!
― ¡Genesis!
Las gotas en la ventana eran las espectadoras y nuestros cuerpos los protagonistas. Esa noche lo sentí tan entregado, me hizo sentir tan especial, como si fuera la única mujer que existiese para él…
(…)
—Claro que no, tú mejor que nadie sabes que no cambiaría a Dafne por nadie…
Las palabras de Ethan fueron tan claras. ¿Y qué esperaba? Que él me declarara su amor, que no se casaría con mi hermana porque yo le gustaba, ¡por Dios! Eso era imposible, yo lo sabía, sabía que era el prometido de mi hermana, que esto era una simple atracción que había surgido por nuestros constantes enfrentamientos. ¿Qué podía reclamar por esas palabras? ¡Nada! Fui tonta al pensar que esto había sido especial para él.
Aunque dentro de mí sus palabras dolieron, no podía ponerme en el papel de amante celosa. Ethan logró su propósito y yo también, así es, desde nuestro beso en el auto, me prometí que acabaría con esto de una vez y después de esto él me dejaría tranquila y yo a él. La tensión que existía entre ambos terminó esta noche.
Sentí que regresó a la cama y se acostó a mi lado; tenía unas ganas de decirle unas cuantas cosas, pero me contuve. Me abracé a mí misma y dejé que esta noche acabara lo antes posible; solo quería salir corriendo y no verlo. Esto era terrible, que sus palabras fueran dolorosas para mí, cuando se suponía que no tenía que importarme.
Al sentir que Ethan ya estaba dormido, me levanté y busqué mi ropa. Di una última mirada hacia mi cama; él estaba en todo su esplendor. Increíble que horas antes los dos nos devoráramos como si no hubiera un mañana.
Tomé una frazada y me fui directo a la sala; ahí tomé una de las almohadas y la abracé mientras trataba de dormir. ¡Tonta, tonta! mi mente me reprendía; era una completa estúpida por hacer esto.
Era el momento de negación y de que mi conciencia recriminara. Ojalá hubiese aparecido antes de acostarme con el prometido de mi hermana, ¡pero no! Se quedaron calladas y ahora es que aparecían.
Muy temprano escuché pasos por la casa; al parecer, Ethan ya se había levantado y buscaba su ropa en el baño. Fingí estar dormida, ya que en ese momento no quería enfrentarlo; además, él se iba de viaje con su hermosa y perfecta prometida, con la mujer que nunca cambiaría por nadie.
Sentí que se acercaba, así que contuve la respiración lo más que pude. Sentí su aliento cerca de mi rostro, tardó por un par de segundos y luego sentí que se alejó. Escuché la puerta abrirse y a los pocos segundos fue cerrada.
Sentí un alivio al saber que ya no estaba cerca de mí; volví a respirar de nuevo. —¿Qué hiciste, Génesis? —bufé—. Te convertiste en lo que más odias. —Regresé a mi posición y terminé de descansar, pero fue inútil; en mi cabeza se repetía una y otra vez la misma escena, pero también las palabras de Ethan resonaban en mi cabeza.
Necesitaba paz, tranquilidad y conocía el lugar perfecto para conseguirlo. Pero antes de ir debía dejar arreglado todo en mi casa, sobre todo la habitación.
(...)

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi peligroso cuñado se enamoró de mí, ¡UNA GORDITA!