Entrar Via

Mi peligroso cuñado se enamoró de mí, ¡UNA GORDITA! romance Capítulo 43

Llegué hasta su puerta; ella se hizo a un lado para dejarme pasar.

—¿Qué estás haciendo aquí? Se supone que tendrías que estar en el aeropuerto — cuestionó

—Podrías darme algo con qué secarme y después me reclamas —exclamé; mi ropa estaba toda mojada.

—¡Ven, acompáñame al baño! —Ella abrió la puerta e ingresé. —Ahí encontrarás toallas, quítate la ropa y buscaré algo seco para que te pongas. A los pocos segundos que Génesis salió, me desnudé de inmediato; mis zapatos, los más costosos, estaban hechos un desastre, no iba a recuperarlos.

Tomé algunas de las toallas y me sequé, dejé la ropa mojada en un rincón. —No tengo ropa de hombre, así que tal vez esto te quede. —La mano de Génesis apareció en la puerta; sonreí ante sus ocurrencias y tomé la ropa.

—Gracias, al menos está seca. —Me puse el chándal; me quedaba flojo de la cintura y además corto, pero bueno, era mejor esto que mi ropa mojada, aunque quedarme desnudo no hubiese sido mala idea. Intenté ponerme la sudadera, pero en definitiva eso no iba conmigo. Me la quité y me quedé solamente con el chándal y secándome con unas toallas.

Salí del baño y busqué a Génesis; un olor exquisito a chocolate me guio hasta la cocina. Ella estaba allí de espaldas; la miré de manera detenida. Tenía short bastante corto; sus piernas blancas relucían en este pequeño pedazo de tela. El movimiento de sus anchas caderas era una invitación para mí.

—¡Qué rico! —musité, pero creo que fue lo suficientemente fuerte para que Génesis escuchara, ya que se dio la vuelta—. Qué rico huele el chocolate… — complete. Ella se acercó y me dio una taza caliente. Me senté en uno de los banquillos que se encontraban, tomé la taza y la rodeé con mis manos para calentar mis extremidades.

—Dos preguntas para ti: ¿por qué no te pusiste la sudadera? y ¿qué hacías afuera de la casa bajo tremenda tormenta? —inquirió, mientras tomaba una silla y se sentaba a mi lado, Cruzó una pierna sobre la otra; creo que eso había elevado más mi temperatura que el propio chocolate. La detalle con la mirada y, si mis ojos no se equivocaban, tampoco tenía sostén.

—Respuesta a la primera pregunta: tu sudadera era demasiado corta para mí y, segundo, se me hizo tarde en la oficina y venía por mi maleta, pero la puerta de la casa estaba cerrada. ¿Tienes idea de dónde están los empleados?

—Les di el día libre, no estaría nadie en la casa, así que no era necesaria su presencia. —Regresarán mañana por la tarde. —Ella tomó su taza de chocolate y la llevó a su boca para dar un sorbo. —¿Y Deivy? —¿Ya regresó? —cuestionó; me enojaba su interés por él.

—Llegará a New York, supuestamente yo estaría allá en unas horas. Lo que me recuerda que debo avisarle a tus padres y a Dafne. —Fui en busca de mi móvil y en efecto tenía docenas de llamadas y mensajes de Dafne. Le envié un mensaje a Matías, explicando que tomaría el vuelo mañana muy temprano. Era mejor que él se encargara de la histeria de su hija.

—Dafne debe estar como loca histérica, porque no tomarás el vuelo —mencionó Génesis. Se sentó en uno de los sillones e hice lo mismo.

—Es lo más seguro —bufé—. ¿Y Leyla? —Tenía curiosidad si estaríamos solos o ella llegaría después.

—Fue a una sesión de fotos y posteriormente regresaría a su apartamento; mañana estará en mi casa.

Así que en efecto estaríamos solos.

De pronto sentí una corriente eléctrica; Génesis tocaba mi ceja, ahí donde estaba la herida que me provocó aquel imbécil.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi peligroso cuñado se enamoró de mí, ¡UNA GORDITA!