ETHAN
Me encontraba ansioso, desesperado e intranquilo. Al fin regresábamos a casa; todos nos encontrábamos en el aeropuerto, listos para tomar el avión. Estos días habían sido los más eternos para mi.
Cuatro días habían pasado desde… que estuve con Génesis; esa noche se repetía en mi mente una y otra vez, solo de recordarla, como mordía su labio inferior mientras la embestía, o cuando me dominaba estando sobre mí. Su gemido mencionando mi nombre era una melodía que quería volver a escuchar.
Tomé mi móvil y busqué su perfil de I*******m; ella no era muy activa, así que revisaba a cada momento para saber si pasaba algo importante en su vida. La única foto que estos días era de aquel lago; ella se veía muy feliz y sobre todo hermosa, ese lugar que encontramos cuando estuvimos varados en la carretera.
—¿Qué es lo que haces? —preguntó Deivyd, acercándose a la pantalla de mi teléfono.
—Nada que te importe. —Bloqueé el móvil y lo guardé en mi bolsillo.
—Mmm, tengo la sospecha de que hay alguna mujer secreta por ahí, ¡dime quién es!
—No hay nadie, no imagines cosas donde no las hay —recriminé.
—No quieras mentirme, te conozco y estos días has estado distraído y entretenido con el móvil; estoy seguro de que una mujer tiene que ver con eso.
—¡Shhh! Cállate, si Dafne te escucha, me vas a meter en serios problemas; de por sí está enojada conmigo.
—¿Por qué? —inquirió.
—¡Porque no te importa! —No iba a decirle a mi amigo la verdad, ya que lo único cierto era que desde aquella noche en la casa de Génesis, ya no pude estar con Dafne; cada vez que ella intentó tener sexo conmigo, no pude. Era imposible si cada vez que la veía a ella entre las sábanas, deseaba a su hermana.
¡Odiaba a Génesis! Ella me había hecho algo que ninguna mujer había logrado y lo peor era que sentía que era solo mía, que me pertenecía, pero aunque lo deseara, eso no era posible; no iba a convertirla en mi amante, ella merecía algo mejor que esto, pero qué iba a hacer con todo esto que tenía guardado, no tenía idea de cómo yo iba a reaccionar al estar frente a ella.
Subimos al avión; era bastante temprano. En una hora ya estaríamos en nuestro destino; se suponía que llegábamos casi por la noche, pero la última reunión ya no se llevó a cabo, por lo que tomamos el primer avión.
Dafne se sentó en la ventanilla y yo en el pasillo. Durante todo el viaje ni siquiera me dirigió la palabra y tampoco me importaba mucho; tal vez sonaba descarado, pero había momentos en los que no soportaba la actitud de Dafne. De verdad que me estaba pensando que ninguna fortuna me pagaría el hecho de estar con ella.
Estuve tentado de terminar esta semana, pero ¿después qué? Yo me iría y ella buscaría a alguien más. ¿Y Génesis? Ni siquiera había determinado qué era lo que sentía por ella.
Llegamos al aeropuerto y un auto esperaba por nosotros. Me despedí de mi amigo y le pedí que nos viéramos en la noche.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi peligroso cuñado se enamoró de mí, ¡UNA GORDITA!