Carraspeé tan fuerte como pude, para llamar su atención. Y así fue; ante mi quejido, ellos se separaron. Mi mirada se encontró con la de Génesis, quien estaba sorprendida de verme; miré su boca, hinchada por aquel beso. Tenía ganas de matar a alguien en este momento; miré hacia él, quien también me miraba confundido.
—¡Ethan! —habló Génesis—. Veo que regresaron temprano. —¿Qué haces aquí? —Regresé mi mirada hacia ella y tuve que contener todo lo que tenía por dentro para no explotar en ese momento.
—Tu padre no tuvo la última reunión, así que tomamos el avión temprano... —mencioné. Sentí un dolor en la palma de mis manos; mis uñas estaban enterradas en ella, no sentí en qué momento había formado puños.
—¡Ah, cierto! Felipe, él es Ethan, el prometido de mi hermana Dafne —habló Génesis, recalcando la palabra “prometido”. El tipo pareció entender sus palabras: “Acaso ella ya le había hablado sobre mí?" Extendió su mano; respondí de la misma manera porque era un caballero, ya que la verdad solo quería lanzarlo por la ventana y que muriera al instante.
—Mucho gusto —respondí—. —¿Y usted es? —cuestioné.
—Bueno… soy —miró hacia Génesis—. Si ese beso fue una respuesta afirmativa, soy el novio de Génesis. —¿Su novio? —¿Cómo que era su novio? —¿De dónde había salido este estúpido? —¿Por qué sí es un sí, verdad? —preguntó a Génesis.
—¡Eh!... sí, sí, así es. Él es mi novio —afirmó. No tenía idea de qué pasaba en mí, pero aquella furia que había sentido cuando la vi besándose con otro no se comparaba a lo rabioso que ahora me sentía; no quería a nadie a su lado, no quería que nadie tuviera la autoridad de tomar sus labios en cualquier momento.
En ese momento me di cuenta de que estaba perdido.
—¡Pues felicidades a ambos! —dije con amargura; sentía mi boca agria solo por decir esas palabras.
—Gracias, prometo cuidar a mi osito de goma. —Así que este era su amigo de internet; al parecer no era tan invisible como esperaba.
—Bueno, me despido, aún tengo asuntos por arreglar —traté de hablar de manera calmada. Salí de aquella oficina, ni siquiera esperé a Will y los documentos; en estos momentos solo quería explotar todo lo que sentía por dentro.
Llegué al estacionamiento y me metí a mi auto. —¡Aaaaah! —grité estando ya dentro. Golpeé el volante con ambas manos; lo hice una vez y otra y otra.
—¿Qué me hiciste, Génesis? —vociferé. Seguía golpeando sin parar y no entendía por qué lo hacía, o tal vez ya lo sabía, pero no quería aceptarlo.
Arranqué el auto y me fui directo a un bar, le envié un mensaje a Deivyd para que me alcanzara.
(...)
Llevaba más de una hora esperando a mi amigo y nada que aparecía; mientras tanto, seguía pidiendo trago tras trago; creo que ya llevaba más de una botella en mi sistema.
—No puedo servirle más, usted está solo y no dejaré que le dé un coma alcohólico, ya hemos tenido varios y usted no será el siguiente —recriminó el bartender.

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